EL VIAJE

Nacionalismo Aymara: el movimiento que promueve un Estado autónomo

Ignacio Espinoza 

 

 

Son aymaras, lo sienten y defienden esa identidad. Con ese propósito crearon la organización política que difunde la autogobernación y la valoración de un pensamiento ligado a la ancestralidad y la lengua materna. Veinte jóvenes componen el movimiento que no descarta tener cupos en el Congreso y quieren convertir a Bolivia en un Estado aymara.

—Olvídense del aymara y el quechua ¿Esto para qué les va a servir?  —dijo el profesor.

Pablo Velásquez recuerda aquella aseveración que escuchó en la universidad como una más de las constantes punzadas contra lo que él era, un indígena. Tenía sospechas de que un aire de racismo rondaba en su entorno, pero fue el autor Fausto Reinaga, autor de La revolución india, quien le aclaró el panorama. Corría el 2002 cuando Velásquez inició los pasos de un camino sinuoso, pero que pavimentó con la concientización de identificarse como aymara, una línea que politizó y donde encontró un lugar para germinar en la población los postulados que cree y defiende, el Movimiento Nacionalismo Aymara.

Un cúmulo de gente ornamenta El Sector La Ceja de El Alto. Ubicado a unos 4000 metros de altura, la zona es donde pulula la población aymara. En las calles, las mujeres se encorvan para cargar con las compras o mercaderías que posteriormente venderán en los improvisados puestos comerciales mientras que los transeúntes chocan entre sí para llegar a los destinos planteados. Un hombre de tez morena, mediana estatura, con corte de regimiento avanza a paso decidido hasta llegar a un edificio con un letrero que publicita un estudio de abogados. Sube al segundo piso y entra en una sala donde solo hay tres sillones complementado con un hervidor eléctrico y bolsas de té. En las paredes cuelgan una Whipala —bandera con los colores de Abya Yala—  y otra de color rojo con la cruz andina (Chakana) junto al contorno geográfico de Sudamérica, pero invertido.

Es el símbolo del Nacionalismo Aymara y el hombre, de tez morena, mediana estatura y corte de regimiento es Pablo Velásquez, uno de los veinte miembros que componen la organización fundada en la práctica hace dos años. Sentado en uno de los sillones, con los brazos cruzados, Pablo Vélasquez explica los postulados del movimiento. “Es una organización política, también con ramas culturales y artísticas, pero sobre todo política para poder reivindicar lo aymara en el sentido de autogobernarnos y auto pensar, en otro sentido libertad. Nosotros los aymaras queremos ser libres en nuestro propio territorio”, afirma.

Pablo Velásquez aprendió el aymara por el valor que tiene como parte de una cultura.

Fotografía de Alejandro González Amador

Para explicar los orígenes de la organización hace un salto en el tiempo. Se remonta a los 70 para aclarar que la teoría no es nueva y se la atribuye a los procesos indianistas y kataristas como antecesores de una ideología que empodera al ser aymara y que busca reunificar a una nación desmembrada producto del colonialismo, “Nuestra intención es reunificar el país, lo mismo que pasa con Palestina y los kurdos”, afirma Velásquez. La primera meta es promover una política, que consiga convertir a Bolivia en un estado aymara, para luego hacerlo con Perú, Chile y Argentina donde también hay población del pueblo originario. “En Bolivia se puede hacer porque el estado es más débil y nos hemos podido empoderar. Pero no pasa lo mismo en estados como el argentino o el chileno donde el estado es más fuerte y la represión es más fuerte también”, agrega.
«Nuestra intención es reunificar el país, lo mismo que pasa con Palestina y los kurdos»

Al identificar lo nacional, explica que es necesario revisar la historia, de ahí comienza la auto identificación, con los saberes y símbolos ancestrales. Pero aquel postulado se convierte en una rosa con espinas porque la gente hace la ecuación de pasado con arcaico. Por otra parte, también culpa al gobierno de instaurar un estereotipo del aymara como alguien del campo con ojota y quien migra a la ciudad ya no pertenece al campesinado. Contradicciones que han restado la propuesta y que combaten con tres pilares. “Tratamos de dar un futuro en común, fuimos, somos y queremos seguir siendo aymaras”, sostiene.

Pero aquel trípode ideológico cuenta con otra arma, la lengua materna que juega un papel fundamental en la visión del partido. “Siempre tratamos de revindicar cosas como símbolos y la lengua para posicionar lo que somos. La lengua, obviamente ,la practicamos, si hubiéramos sido una nación libre obviamente todos hablaríamos aymara, pero tuvimos muchos problemas internos y externos”, afirma Velásquez. Su padre y madre hablaban la lengua materna, mientras que la abuela fue solo monolingüe del aymara, Pero él, por instalarse en la ciudad, primero aprendió el español y con el tiempo asumió la importancia de lo que le faltaba y lo recuperó. “Hay algunos que hablamos remotamente y hay otros que la perdieron, pero asumen la identidad y están en el proceso. La lengua es fundamental, pero no es lo determinante, sería cerrarnos a una lengua, es importante pero tiene que ver con lo que te transmite y la forma de pensamiento en eso es fundamental y es necesario practicarla”, aclara.

Velásquez reconoce que adherir territorios de Chile y Argentina resulta más complicado porque tienen una mayor represión contra los indígenas.
Fotografía vía Facebook

Charlas y festivales de rock y rap, con artistas que canten en aymara, son parte de las acciones que han tomado para difundir los postulados de partido. Han conversado con ciber activistas, que crearon grupos en Facebook y difunden memes en la lengua materna, como también tienen pensado invitar en un encuentro de profesionales aymaras al famoso arquitecto Freddy Mamani, propulsor de los chalets, construcciones basadas en la cultura del pueblo originario. Pero junto a las acciones también critica la demagogia de quienes se ufanan de promover la lengua materna y no lo cumple. Una de ellas es la Universidad Pública de El Alto (UPEA), institución donde Pablo Velásquez estudió Filosofía y Humanidades, pero terminó expulsado por tener problemas con el director, hecho que lo hizo culminar la carrera en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). “En la UPEA dicen ser del pueblo y antimperialistas, pero hablan y no hablan la lengua materna y están en un conflicto grande”.

Una maestría de Filosofía Andina, la celebración del año nuevo andino y la publicación de revistas se suman al currículum de acciones que han realizado con el partido. Pero como una moneda tiene dos lados, Velásquez confiesa que las iniciativas tampoco fueron bien recibidas por un sector de la población. Al ahondar en aquellos episodios retoma al autor Fausto Reinaga. Éste planteaba que había dos Bolivia: la chola, que mira a Europa y la Bolivia que es mayoritaria y excluida. “Eso se mantiene en la universidad, en carreras pequeñas hay gente que viene de otro estrato cultural y dicen ser descendientes de tal cual y tienen posición marcada. Existe otra población que inconscientemente asume que esto somos, con rasgos marcados y otros que no apoyan por los medios de comunicación”, añade.

«Existe otra población que inconscientemente asume que esto somos, con rasgos marcados y otros que no apoyan por los medios de comunicación»

Tras las acciones universitarias, los horizontes del partido cambiaron: llegar al poder. Para ello tienen pensado presentarse en las próximas elecciones parlamentarias mientras que Pablo Velásquez confiesa que buscará convertirse en el próximo alcalde de El Alto. “La experiencia no es nueva, tenían partidos políticos, antes ya había indígenas en el gobierno, lo de Evo es una impostura (…) lo que estamos intentando es darle una nueva perspectiva, darle otros rasgos, que el partido tenga independencia”, plantea Velásquez. Pero también existe otro propósito, el de constituirse como un Estado autónomo, primero por la autodeterminación y luego por el federalismo donde se adicionen los territorios que corresponden al pueblo originario. “Bolivia ha fracasado y quien le da sentido es el aymara”, sentencia.

2 Comentarios

  1. Felix Callisaya Cuentas

    Walt’ytaw jilata Pablo. Juk’amp qkllt’askakim. Nayas muniristw qillqt’añxa.

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  2. Claudio

    Kusaskachamakjarakiwa

    Responder

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