EL VIAJE

El viejo que leía el pensamiento zapoteco

Ignacio Espinoza 

 

 

Pintor. Fue condenado a la cárcel por ser comunista durante la década de los 70 donde descubrió que la liberación estaba en su cultura indígena. Nicéforo Urbieta combina desde hace 40 años el xigaab —pensamiento— con el arte y plantea que hablar la lengua no es suficiente. Tiene que ir de la mano con la cosmovisión del pueblo.

 

Tres hojas paradas apoyadas sobre la pared, una mesa de cemento de 40 centímetros de ancho por 40 centímetros de largo y una luz que estaba a punto de apagarse. Los ruidos de los fierros y el carcelero que cerraba las celdas, una por una. Antes de que llegaran a la suya, Nicéforo Urbieta, preso político, tuvo un destello  en la mente. En el papel tenía dibujado el primer tomo de El Capital de Karl Marx, lo vio y encontró un camino ligado a las raíces, los códices mesoamericanos. Fue en 1977, todo lo que él entendía por civilización se había destruido. Cuestionó la cultura occidental y valorizó otra, la indígena.

Nicéforo Urbieta es un nombre conocido en la ciudad de Oaxaca. El maestro, como le dicen sus cercanos, se ha convertido en una eminencia en las artes plásticas y también en la difusión de la cosmovisión del pueblo zapoteco. La investigación del xigaab —pensamiento— es el trabajo al que ha dedicado más de 40 años. Para el artista cada palabra comprende un universo, pero confiesa que hablar por hablar no sirve y también critica las tendencias que han surgido por revitalizar el idioma. “Todas las lenguas sufren como las piedras del río. Pierden forma con el cruce de culturas, el zapoteco no es la excepción. Se pueden haber campañas de preservación, pero esa misma campaña puede ser una acción concreta de desaparición del pensamiento”, sostiene y agrega: “En la facultad de idiomas se han dado clases de zapoteco, pero el zapoteco que tiene más cantantes, poetas y pintores como Francisco Toledo que lo habla. Pero todo esto ha estado en el cruce de camino entre las culturas del Pacífico y Atlántico”.

“Se pueden haber campañas de preservación, pero esa misma campaña puede ser una acción concreta de desaparición del pensamiento”

Cuando habla, Nicéforo Urbieta pronuncia palabras en zapoteco con el respectivo sonido onomatopéyico que caracteriza a la lengua, un factor clave para entender el pensamiento. “Lo vemos en los simios como hacen gestos. En estos gestos está la sabiduría de la cultura zapoteca y olmeca. Creo que en la lengua existe ese mismo mundo arqueológico de hacer arqueología del pensamiento. Eso es buscando los sonidos ancestrales”, afirma. En 1987 el pintor tenía claro que lo que quería hacer era difundir el xigaab, pero como no sabía comenzó a investigar en textos de náhuatl hasta que encontró la respuesta, todo se remitía a una fecha calendárica, el nacimiento de Quetzalcóatl (Serpiente Empludada), la primera piedra con la que Urbieta cimentó su trabajo. “Xiigab es nueve viento, día en el que Quetzalcóatl puede dialogar con la humanidad, él buscaba el ser dialogante porque en el diálogo puede nacer en zapoteco. Por eso al ser humano se le dice ‘Bh’, que significa transformación. Cuando revisas el calendario, son etapas de evolución”, explica. Desde ese entonces siguió su trabajo como pintor, en cada obra plasmó el pensamiento de su cultura y siguió con la lectura. También participó de charlas donde explicó la etimología de la lengua y que esta va de la mano con una mirada sobre el universo. Pero no era todo, también era regresar a su historia y el encuentro con lo indígena.

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Con un calendario el pintor también plantea la cosmovisión de tiempo y espacio en zapoteco

Fotografía de IgnacioEspinoza 

La lengua la aprendió por inercia. Sus padres hablaban zapoteco y ese vocabulario fue el que reinó el ambiente donde creció hasta que salió de la comunidad para continuar con sus estudios. Ahí se produjo el choque cultural. Todo lo que se estudiaba era en español, pero la pasión por el dibujo y la pintura ya estaban. En 1968 ingresó a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, un año donde la efervescencia política que vivía el país no eran ajenas en la ciudad. Las universidades bullían de propuestas y la mirada de la izquierda fue afín con la manera de pensar de Nicéforo Urbieta. Pero también fue un período oscuro en la historia de México. En 1971 se produjo el “Halconazo” en México, unos 120 jóvenes fueron asesinados por manifestarse en las calles de la capital. El hecho no fue ajeno en el valle de Oaxaca donde Nicéforo y sus compañeros de universidad se organizaron para expresarse a través del arte. La postura de izquierda, talleres de artes plásticas y la participación en casas de cultura no fueron suficientes, la represión por parte del gobierno fue sistemática a través de la publicidad, desarticulación de academias y asesinatos de quienes no eran posible de cooptar. Solo quedaba una solución, la militancia armada.

Al recordar esos años Nicéforo Urbieta aprieta el puño. Enfoca la mirada hacia el cielo mientras sus ojos pasan del blanco al rojo empañado. Las palabras son escuetas, la respiración se le corta hasta que finalmente logra expulsar una oración balbuceante. “Un factor determinante de eso fue Salvador Allende. Cuando vimos la experiencia chilena… Fue la democracia que se rompió. Para nosotros él era una esperanza de que había una tercera vida”, confiesa mientras espera unos segundos para reunir la fuerza y decir: “La historia que siguió fue difícil. Fue como despertar y decir fue una ilusión. Para los que vivíamos ese momento ese le dio fuerza a los movimientos. Lo que sucedió con la dictadura de Pinochet fue decirnos que no hay otro camino. Eso es lo que nos terminó de convencer. Fue muy doloroso para todos”.

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“Lo que sucedió con la dictadura de Pinochet fue decirnos que no hay otro camino. Eso es lo que nos terminó de convencer. Fue muy doloroso para todos”.

 

Entró en la clandestinidad y lo arrestaron. Lo condenaron a seis años de prisión, lugar donde también tomó consciencia de sus raíces. “Yo pienso que es el destino de todos los indígenas. Legalmente estuve condenado a cuatro años y fueron seis. Seguramente porque estaban buscando más delitos. Se decretó amnistía en 1978 y 1979 y continué en la cárcel hasta el 81 en que quedé en libertad. Habían presos de 60 años de condena que salieron antes”.

Pero gracias a ese oscuro período Nicéforo despertó y hoy vincula el pensamiento de un pueblo con otros tipos de artes. Para él todo es un diálogo que forma parte de la cosmovisión del Xigaab. Por eso desde 2013 creó un calendario donde explica parte del pensamiento zapoteco a través de 21 dibujos que representan la fase evolutiva del ser humano hasta alcanzar la felicidad, todo explicado según la palabra. Ha visto que la recepción de los jóvenes es buena cuando habla con ellos sobre la cosmovisión y se mantiene optimista porque también le han mencionado la posibilidad de enseñar un diplomado sobre la continuidad de la lengua con el pensamiento.

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En su obra el pintor toma como referencia el arte europeo

Fotografía de Ignacio Espinoza

Mientras mira un lienzo que hay frente a una pared, el artista reflexiona sobre las combinaciones que hizo para dar vida a su pintura. Una mujer indígena amamanta a un niño y de fondo se divisan líneas que dan forma a la geografía de México. La imagen es una referencia a Virgen de la Leche de Leonardo Da Vinci . “Me critican mi manera de trabajar. Pero para mí se revela una manera de hacer conocimientos. En base a ese pensamiento era claro que los zapotecos tenían que entrar en diálogo con los europeos. Siempre se espera que el diferente traiga cosas que pueden ser integrados al propia bagaje cultural del conocimiento”.

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