El VIAJE
La paloma mensajera de la lengua rarámuri

Ignacio Espinoza

 

 

Canciones, poemas, libros y traducciones. Viajes, talleres de poesía y charlas. Un itinerario de vida dedicado a difundir la lengua en la Sierra Tarahumara y que lo convirtieron en una eminencia cultural en el estado de Chihuahua. Martín Makawi es el hombre detrás del rótulo, su objetivo: llevar las palabras de una cultura a los niños de la Sierra Tarahumara.

Todos los caminos llevan a Martín Makawi. En Chihuahua, capital del estado que lleva el mismo nombre, el apellido Makawi es un eco constante cuando se busca hablar con alguien relacionado a la lengua rarámuri. Un hombre de abdomen generoso, piel morena y el pelo tomado lleva un amuleto de plumas con una piedra azul en el cuello. Está sentado en una oficina a un par de cuadras que conectan con el centro de la ciudad. Él es la persona. Viste una camisa blanca junto a unos blue jeans y sobre su escritorio hay un jugo de naranja, un paquete de galletas saladas y una lata de atún. Al otro lado del mueble hay un laptop y al centro un cúmulo de hojas donde está impreso “El Principito” de Antoine de Saint- Exupéry , libro con el que trabaja para traducirlo al rarámuri.

“Ahorita no hay materiales para las escuelas. Estoy traduciendo algunos libros que pudieran ser factibles para los niños, entonces ahí andamos”, dice Martín Makawi con una voz pausada y serena que le permiten expresar sus ideas. “Creo que la lengua es la mejor herramienta para preservar una cultura”, agrega. Las traducciones no son todo, también visita escuelas en los diferentes municipios de la Sierra Tarahumara para realizar talleres de poesía en rarámuri , lengua que también difunde a través del canto, el vehículo que despertó su interés por expresarse y difundir el idioma.
Además de ser poeta y músico, Martín Makawi trabaja en la Secretaria de Cultura en Chihuahua.
Fotografía de Joseba Urrutikoetxea

Para hablar sobre su trabajo rebobina la memoria hasta el inicio, en Bacigua, Municipio de Guachochi. “Nací bajo un pino. Siento que ese pino escuchó mi sentir y llanto. Nací para algo, para llevar palabras en rarámuri a los niños”, cuenta. Desde los seis años empezó a cantar mientras escuchaba la radio. No sabía leer y escribir. Escuchaba los cantos de su madre y su tía en las tesquinadas, ­fiestas donde se bebe tesquino (licor de maíz) y que celebra el fin de la época de cosechas. Pero su padre no lo dejaba cantar porque en la cultura esa práctica solo la hacen las mujeres. “‘Por qué cantas’ me decía, pero si cantaba en español no me decía nada”, recuerda.

«La lengua es la mejor herramienta para preservar una cultura”, afirma Martín Makawi
En su poesía y música, el poeta habla sobre la naturaleza
Crédito: Gentileza
Aquello no fue un obstáculo y continuó con el canto, en español.  Pero antes de Makawi fue Chávez, el verdadero apellido del poeta y cantante hasta 1994, cuando la actual identificación llegó por un sueño. Un indio de la tribu sioux, en Dakota del Norte (Estados Unidos) le lanzó una flecha en el cuello. “En el momento en que estoy tirado él llega hacia mí y me dice: ‘Martín por qué me tienes miedo’, yo solo vine a darte un nombre y te quiero invitar a la lucha a que defiendas tu cultura, tu tierra, tus animales, tu bosque, tu lengua, el idioma rarámuri. Solo que te voy a cambiar el nombre, de hoy en adelante te vas a llamar Makawi”.
«No porque saliste de la comunidad vas a hablar y te vas a sentir diferente a lo que fuiste o lo que eres”.

El bautizo no le gustó. Makawi en rarámuri significa paloma, un animal indefenso para él. Con el tiempo comenzó a componer en su lengua nativa y después de cantar una canción que hablaba sobre cuidar los pinos, el agua, el maíz y los alimentos silvestres encontró el sentido del mensaje que recibió en el mundo subconsciente: “Makawi significa que voy a ser el vocero. Que voy a llevar las palabras de los ancianos hacia los niños. Pero no solamente para mi pueblo sino que al pueblo del mundo. Voy a volar y viajar cantando estas canciones para que los otros escuchen cual es el pensamiento rarámuri. Makawi, no es una paloma cualquiera y un ave indefensa. Paloma defiende desde su espíritu y sentimiento de cómo unificar el pueblo para que no pierda esa identidad cultural”. Respetar la tierra, el agua el maíz y los animales son parte de la cosmogonía del pueblo que el cantante vincula en la música y poesía junto a otro mensaje, vivir en armonía. “Para el mundo eso es tener suficientemente dinero, una buena casa y comodidad. Para nosotros no es eso. El vivir bien es estar bien contigo mismo y los seres que te rodean”, sostiene.

Identidad, cultura y escritura es lo que le enseña a los niños en las escuelas. Pero también a que no se avergüencen de hablar su lengua materna en todo México. “Así como viajan otros idiomas, el rarámuri también hay que llevarlo. No porque saliste de la comunidad vas a hablar y te vas a sentir diferente a lo que fuiste o lo que eres” afirma Martín Makawi quien escucha las conversaciones de los ancianos como fuente de inspiración para componer las canciones. Sobre los niños dice que estos llevan una serpiente en la cabeza y que eso no les permite escuchar las palabras de los padres, ancianos y profesores sobre cómo preservar la cultura. Cuando habla junta las manos mientras los pulgares chocan constantemente. La secuencia se interrumpe cuando mira el celular, lo toma y lo enseña. “Hasta en lo más lejos de la comunicación ya existe celular, esto es parte de lo que nos hace borrar nuestra identidad. Al mismo tiempo es beneficioso, pero es parte de quien nos quita esa identidad cultural de pueblo”, dice.

Makawi recorre las escuelas de la Sierra Tarahumara para enseñar la lengua rarámuri
Crédito: gentileza

Además de las escuelas Martín Makawi colabora en la Secretaria de Cultura en Chihuahua. Pero otro de los trabajos que realiza se relaciona con los rarámuri que migran desde la Sierra Tarahumara hacia las ciudades en busca de mejores oportunidades laborales. “Hoy en la Sierra se ha apoderado la gente armada, la gente se va porque tienen miedo de que sus hijos vayan a entrar a este tipo de trabajos y nos hace perder la identidad cultural”, confiesa y agrega: “La cultura armada nos ha ganado, entonces requerimos una lucha fuerte, un trabajo fuerte con los niños. La gente joven se inclina hacia el narcotráfico y matar a su propia gente”.

 

En la enseñanza el panorama tampoco es auspicioso. El poeta señala a los maestros como responsables del devenir de la lengua. Critica que los profesores solo se enfoquen en el programa del gobierno de turno –donde no se considera una educación monolingüe del idioma nativo– y, pese a que también son hablantes, prefieren educar en una lengua ajena. “Los niños contestan en rarámuri aunque se les habla en español”, dice. Su trabajo no depende totalmente de la Secretaría de Cultura. Las semanas las divide según los proyectos que surgen y también se organiza para estar en talleres y presentaciones musicales. Le gustan los viajes porque los considera un aprendizaje que nunca termina. “Quiero llegar a que la gente se despierte con el corazón sin olvidar lo que son de raíz”, afirma mientras hace una pausa y toma su collar. “Es un adorno, la piedra es algo que me ayuda a caminar”, sentencia.

1 Comentario

  1. JOAQUIN GODOY MENDOZA

    Me parece muy acertado el hecho de no permitir que la transformación social de nuestro estado propia del momento histórico por el que atravesamos, no sea una razón para perder nuestra identidad, en hora buena en esta cruzada por pervivir nuestras raíces.

    PS Dónde es posible conseguir el Principito en Raramurí?

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