EL VIAJE
Cristopher Coñoman y el rakiduam bajo pavimento
Ignacio Espinoza 

 

 

Tiene 23 años y es mapuche. Vive en Santiago y desde hace un año trabaja en el metro donde canta el hip-hop en mapuzugun. Sostiene que la lengua materna debe salir de las casas para recuperar espacios y en julio lanzará su disco debut, Reivindicación, donde habla sobre su historia, los problemas y las demandas que le atañen al pueblo originario.

Cristopher Coñoman tiene 23 años y pasa desapercibido como cualquier otro joven de esa edad. Viste pantalones negros anchos, zapatillas blancas Reebok y un polerón rojo marca Underground, atuendo que coincide con el estereotipo de la profesión que ejerce, la de rapero. Pero cuando habla y canta, rápidamente acapara la atención de los oyentes por hacerlo de otra forma. Al flow le agrega versos en mapuzugun y el contenido aborda la situación que atraviesa la gente de origen mapuche.

“Soy músico itinerante, una bonita forma de decir que trabajo en el metro”, dice entre risas. De lunes a viernes, desde hace un año, toma la línea 4 del metro y rapea en mapuzugun con un pequeño parlante que lleva colgado y lo coloca en el suelo del vagón de turno. Sostiene que con perseverancia y constancia llegan los resultados y que, antes de ser rapero, ya sabía que todo lo que iba ligado al ser y sentirse como mapuche. “En ningún momento pensé en hacer otro tipo de rap. Yo vivo aquí, pertenezco aquí, a un pueblo, no voy a rapear sobre las cosas que no sé, las cosas que no he visto, que no he vivido, no he sentido”, confiesa. Cada vez que toma el micrófono y rapea, en lengua materna o español, tiene claro que lo que busca es fortalecer la identidad del mapuche en la ciudad y, también, hablar sobre los problemas y demandas que atañen al pueblo mapuche. Una de ellas es la situación del machi Celestino Córdova, preso político y quien padece un delicado estado de salud ­—inició una huelga de hambre— donde solo pide poder acudir a su rewe para renovar su espiritualidad y luego regresar a la cárcel. Petición que ha sido negada por el sistema judicial. “Mi música va en el respaldo y en el apañe de todas esas demandas y que todo nuestro pueblo considera que son justas y son legítimas”, sostiene el cantante.

Coñoman canta por las mañanas en la línea 4 del metro.
Fotografía de Joseba Urruty

Coñoman es su segundo apellido, pero lo revirtió. Y si antes de ser rapero entendió que él era mapuche, también hizo lo mismo con el mapuzugun y lo aprendió de joven. Sus padres no le enseñaron porque no hablaban la lengua así que comenzó a leer textos donde se enseñara, uno de ellos fue un libro de unos misioneros capuchinos que habitaron en el sur de Chile y que hablaban todo en la lengua del pueblo originario. Aquella educación también la complementó con oír a otras personas que hablaban en actividades y reuniones que se realizaban en Santiago. Viajó al sur a ceremonias mapuches, participó en asambleas y también definió los diferentes dialectos que se hablaban en el territorio. “Iba solo con el fin de escuchar a las personas mayores hablar y escuchar la pronunciación de las personas. Cuando no sabía una palabra la rebuscaba, la preguntaba”, confiesa. La lengua no es lo único que lo identifica, también las prácticas y costumbres de la cultura, uno de ellos es el trarilonco, cintillo que los hombres mapuche llevan en la cabeza y que Coñoman se ata cada vez que canta en el metro.

El palin es otra de las costumbres que también practica: deporte parecido al hockey donde la bola debe atravesar unas líneas marcadas en el suelo. Cristopher Coñoman todavía posee el wiño —el bastón— que fue de su abuelo y con el que juega. Pero adelanta que pronto lo cambiará por temor a que se rompa el recuerdo de una generación pasada, donde la cultura estaba presente a diferencia de la actual. “Lamentablemente nuestra juventud es penosa en términos de mapuche kimün, de sabiduría mapuche, de mapuzugun. Somos muchos mapuches en la urbanidad, en las poblaciones más de la mitad de la población es mapuche y ese porcentaje es súper precario el que está haciendo algo para retornar a su lengua”, afirma tajante.

“Somos muchos mapuches en la urbanidad, en las poblaciones más de la mitad de la población es mapuche y ese porcentaje es súper precario el que está haciendo algo para retornar a su lengua”
Entiende que, por procesos históricos, la cultura y la lengua sufrieron un desmembramiento. No juzga a los peñis que, producto de la religión, sufrieron una penetración en el espíritu. Pero Cristopher Coñoman advierte que, aquellos que aún saben la lengua, tienen como responsabilidad hablarla y los jóvenes —con ascendencia mapuche— aprenderla. “Si no nos responsabilizamos por volver a hablar nuestra lengua, en una generación o dos nuestro mapudugun se va a ver extinto. Van a morir nuestros abuelos, van a morir nuestras abuelas, va a morir la fuente de sabiduría, no vamos a tener a quien recurrir para aprender y ahí nos vamos a extinguir como pueblo”.

Para hacer frente a esta problemática, valida todo tipo de iniciativas que busquen fortalecer la lengua como el teatro, la poesía y, en su caso, el rap, música que considera como una herramienta pedagógica, Reivindicación es su tema más conocido y cuenta con un videoclip en Youtube. En la letra Coñoman rapea la frase: “Reinvidicación/ un acto de valentía/ de reconocer lo que soy y hacer algo por ello”. “Hay muchos peñis y lamien que están poniendo nuestros temas en el aula, hoy hay muchos peñis que se desenvuelven en el mundo de la pedagogía y que están estudiando nuestra historia con temas de nosotros”, sostiene. Mientras su forma de difundir el mapuzugun es bien vista por unos, también está el otro lado de la moneda. Reconoce que en el metro la gente lo ha insultado por difundir cosas de la cultura mapuche y el rap tampoco es bien visto por algunos ancianos mapuche. “Hay grupos que hacen reggaetón, que hacen cumbia ranchera mapuche y eso es poroso para las generaciones mayores. Es respetable también. Nuestro fundamento es que es un puente de llegada sobre todo para nuestra juventud, para los que están escuchando rap, que dejen de escuchar el rap que habla de jarana, de mujeres, de copete, de drogas, de que hacer eso es bacán”.

Aparte de cantar en el metro, Coñoman piensa todo el tiempo en mapuzugun y lo habla en todos los lugares que puede.
Fotografía de Joseba Urruty

Durante las últimas semanas Coñoman ha tenido un ritmo diferente al habitual. Colaboró en la preparación de eventos para el We Tripantu —21 de junio—, fiesta insigne de la cultura y también prepara el lanzamiento de Reivindicación, disco debut que estará disponible a mediados de julio y que será en formato doble: la parte “Ayer” y la “Hoy”. Entre el ir y venir de shows en Santiago y regiones del sur, conversatorios sobre la situación de la lengua y su pueblo, sumado a terminar la impresión de las carátulas del disco y afinar los últimos detalles de la presentación, terminó resfriado. Pero tampoco puede dejar de cantar, junto a difundir la lengua necesita hacer dinero para llevarlo a su casa, lo otro es solo una herramienta más en la forma de vivir la vida que escogió. “En la pega, arriba de un metro, cuando estudio, en la casa, en la mesa de la casa, en la reunión política y en la asamblea me posiciono como mapuche, más que como rapero, pero el rap es un fortalecimiento a esta posición”, sentencia.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El viaje continúa