EL VIAJE

Choyatá: el símbolo del pueblo matlatzinca

Idoia Olaizola
Al dejar atrás Toluca la carretera empieza a serpentear. El verde de los árboles se intensifica, fruto de la pureza del aire. Una última curva y por fin el autobús se detiene. Nos encontramos en San Francisco Oxtotilpan, morada de los últimos matlatzincas de México. De los 2000 habitantes, aproximadamente 800, en su mayoría ancianos, continúan hablando su lengua. Son un pueblo orgulloso de su cultura y su lengua y eso se aprecia en uno de los días grandes del pueblo. El 29 de noviembre se celebra la ceremonia de cambio de mayordomos. La choyatá, que se podría traducir por “palabras del alma” en lengua matlatzinca, es el ritual más importante de la festividad.
Amanece en San Francisco Oxtotilpan. Doña Mari lleva horas cocinando. Todo debe estar listo para la entrega de tamales de su hijo Iván. Ha sido mbexoque durante el año y hoy cede su cargo. Junto con otras mujeres de la familia cocina arroz, pollo, mole, tamales. Cosen coronas de cempasúchil, flor de muertos, para adornar las cestas que serán entregadas a los familiares del nuevo mbexoque. A Jesús, el relevo de Iván, le espera la cesta mayor. Dentro encontrará un pollo entero, tamales y arroz, licor de ágave, cigarrillos y cerillas. El año que viene le tocará a él devolver esa cesta a su sucesor. Iván se siente emocionado: «Fue un año de mucha amistad, de logros y aprendizaje. Este cargo sólo se tiene una vez, y me siento feliz de participar en la iglesia».
Mujeres preparan la comida para la ceremonia
Fotografía de Joseba Urruty
En San Francisco hay dos fuerzas de poder. Por una parte, el poder político reside en tres delegados, que se encargan de las decisiones del pueblo y son los que dialogan con la política a nivel estatal. Por otra parte, está el poder religioso. El mayor cargo lo ostenta el fiscal y su ayudante, el fiscalito. En un nivel menor se encuentran los mayordomos y por último están los campaneros, o mbexoques. Éstos últimos son los encargados de cuidar de la iglesia y tocar las campanas, tanto para dar las horas, como para hacer llamamientos sobre festividades, defunciones o asambleas del pueblo.
A mediodía llega Jesús acompañado de su familia. También acuden los tatas, los sabios del pueblo, que aconsejan a los nuevos campaneros. Después de recibir las cestas y comer juntos, los tatas recitan la choyatá. En el pueblo se está perdiendo el idioma matlatzinca y muchos jóvenes ya no saben hablarlo. La gente de mediana edad, la cual sufrió gran racismo al incorporarse a la escuela, ha decidido no enseñar el idioma a sus hijos, priorizando la enseñanza del castellano. Por eso hoy en día los encargados de la choyatá son los ancianos del lugar. Sin embargo, la importancia de la choyatá en lengua matlatzinca es tal que los lugareños no dudan en afirmar que si ésta se pierde, el pueblo matlatzinca desaparecerá.
Tras la comida, Jesús asistirá a su primera clase práctica de toque de campanas. Tanto los antiguos campaneros como los nuevos se reúnen en lo alto del campanario para aprender los ritmos de cada llamada de campana. No es tarea fácil, tienen un mes para aprenderlo, pues el 1 de enero cambiarán de manera definitiva los cargos.
Llega la noche y es hora de coronar a los nuevos campaneros y mayordomos. Frente a la iglesia del pueblo, los salientes entregan su mando a los delegados y los nuevos lo reciben. Al grito de “¡Qué viva el nuevo!” Se corona con múltiples coronas de cempasúchil a los entrantes, en ocasiones tantas, que apenas pueden ver a través de las flores, lo que origina risas entre los asistentes. Los tatas vuelven a recitar la choyatá, esta vez para agradecer y bendecir a los nuevos y desearles un buen año de trabajo.
«Sin la choyatá el pueblo matlatzinca se extinguiría»
Las mujeres tienen un lugar importante. Aunque en apariencia se encuentren en segundo plano, sin ellas la fiesta no podría llevarse a cabo. Hay un gran sentimiento de unidad. Tal y como explica Doña Mari: «En estas fechas hay mucho trabajo para la mujer, y este compromiso lo solemos sacar nosotras. Las mujeres estamos muy unidas en estos compromisos, familiares y amigos me vienen a ayudar y me preguntan qué hay que hacer». Es por eso que, tras la coronación, los mayordomos y campaneros acuden a sus casas para pedir a las mujeres que colaboren en la realización de las tareas. Por cada petición, los ancianos recitan de nuevo la choyatá. A pesar de ser casas humildes, los anfitriones ofrecen todo lo que está en su mano. Se come pollo con mole y se bebe mezcal y tequila, normalmente alrededor de una hoguera, para escapar del frío. Antaño, este ritual duraba hasta el amanecer, pero hoy en día la procesión dura hasta altas horas de la madrugada.
Jesús es coronado como nuevo mbexoque
Fotografía de Joseba Urruty
Al día siguiente se corona al fiscal. Es un evento importante, y es el último cargo religioso al que se puede optar tras ser campanero y mayordomo. El cargo de fiscal tiene una gran importancia, y así lo explica él: «Me siento un poco nervioso pero estoy muy feliz. Es una gran responsabilidad porque soy un guía para los demás, tengo que dar buen ejemplo». Tras la ceremonia, y acompañados de una banda de viento y petardos, fiscal, mayordomos y campaneros caminan a casa del primero, pues éste prepara una gran fiesta con comida y música para todo el pueblo. Se respira la alegría. Las mujeres ultiman los detalles, colocan los tamales en sus cestas, empiezan a servir los platos. Algunas se pasean por la carpa repartiendo bebida a los comensales. Antes de sentarse a la mesa, los entrantes hablarán con los tatas, y en lengua matlatzinca agradecerán por los alimentos y pedirán permiso para sentarse a comer. Una vez éstos se sientan, todo el mundo empieza a comer. Los campaneros, formando una cadena humana, son los encargados de servir la comida. Iván y Jesús pasan los platos a sus compañeros, que los reciben bendiciéndolos con un breve gesto con la mano. Se les nota cansados, ha sido un día intenso, pero ya les queda poco. La música durará unas horas más y podrán retirarse a sus casas. Unos con la satisfacción del deber cumplido y otros con los nervios propios al ocupar un cargo de responsabilidad en la comunidad.

2 Comentarios

  1. PWakaya

    Muchas gracias por tu comentario! Y muchas gracias por la ayuda que nos brindaste para conocer más de cerca esta maravillosa lengua y a los maravillosos hablantes que trabajan por revitalizarla!

    Responder
  2. Daniel Hernández Díaz

    Gracias por compartir esta increíble información, sin duda la compartiré con amigos y familiares que pertenecemos a la cultura matlatzinca, ellos estarán muy contentos de verse en las fotos y leer lo maravillosa que es nuestra cultura y sus tradiciones. Sin duda existe una gran preocupación por nuestra cultura y día a día estamos generando proyecto que ayuden al desplazamiento de la lengua y la cultura, sin duda sigo siendo un militante a favor de mi lengua, promuevo y practico en los espacios que se me es posible practicar y usar la lengua, así como el posicionamiento de ella, en nuevos espacios de uso.
    Gracias a este gran proyecto.

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El viaje continúa