Rapanui: La isla de los renacimientos

Rapanui: La isla de los renacimientos

EL VIAJE
Rapanui: La isla de los renacimientos
Alejandra Gayol
Hija del Pacífico, perfumada en lava y sal, navega el océano en un barco de tierra llamado Nazca. Un remanso de arena donde descansa el mar que no opuso resistencia a los invasores. La cabeza de un volcán donde convergen la cosmovisión polinésica y europea. Le llamaron Pascua en su tercer bautizo, cuando renació sin perder del todo su memoria.
Nació sin saber hablar. Abrió los ojos y solo vio azul. Era, sin saberlo, el punto más alejado de cualquier otro lugar poblado del planeta.  Pese a su aislamiento, el océano desafío al azar, y embarcaciones llegadas del sudeste asiático se posaron en su orilla. La lengua llegó para describirla, para interpretarla entre palabras. Te Pito o Te Henua, así la definieron como “El ombligo del mundo”. Rapa Nui fue el apodo que le puso el misionero Eugenio Reynaud, que en tahitiano quiere decir “Isla grande”. Se acercaron los marinos holandeses para bautizarla por última vez, Isla de Pascua fue el apelativo. El honor cristiano en una lengua extranjera, el presagio de su destino en un nombre.
Moái de la isla de Pascua. Estatua monolítica que solo se encuentra en la isla.
Creative Commons
La Polinesia le debe su limite oriental y ella le debe su cultura a la Polinesia. Desde Marae Renga, llegaron los polinésicos cargados de tradiciones y leyes ancestrales, y como si de semillas se trataran, estos saberes germinaron en su tierra. Los rostros de aquellos que la consagraron le pusieron cara. Levantaron miradas de piedra que petrificaban, los hoy famosos moai de Isla de Pascua reflejaban el poder de las familias más poderosas. La llave que encerraba todos sus conocimientos fue la lengua, el Vananga Rapa Nui, y su escritura propia, nacida entre figuras de madera rasgada en las tablas Rongo-Rongo, uno de los grandes misterios que aún esconde esta isla. Los maorí, antiguos sabios, eran los únicos capaces de descifrar su contenido.
Tablillas Rongo-Rongo. Escritura rapanui.
Imaginaisladepascua.com

Ella cumplió años, y siglos. Seguía modificándose, transformándose para adaptar sus expresiones sociales y culturales, como su lengua, a las condiciones de su entorno. Pero un periodo de catástrofe ambiental llegó a la isla, lo que supuso un colapso de la cultura.  La adoración a los ancestros y la construcción de los moáis se paralizó alrededor del siglo XVII. El nuevo paisaje que la catástrofe ambiental había dejado cambió su económica, sus ideologías, e incluso desembocó en enfrentamientos entre clanes. En este panorama de guerras clánicas los hokos cobraron una vital importancia. Los ojos abiertos inyectados en furia, las lenguas húmedas colgadas de sus labios tocando la barbilla, los músculos tensos, mientras los golpes en el pecho y en las piernas salpicaban la sangre hasta enrojecer la piel. Una danza guerrera que los rapanui solían hacer para intimidar a sus rivales.

Danza de guerra Haka de Nueva Zelanda, muy similiar al Hoko rapanui.
Youtube.
En un panorama crítico, nace en el imaginario popular el Hombre-Pájaro, que simbolizaba con su huevo la renovación de la vida. Un destino renovado, aunque las renovaciones vinieran más del océano que de sus entrañas. Conoció a Europa por primera vez en el año 1722, un nuevo contacto que cada vez se presentaba de forma más frecuente. Y así, llegaron los neerlandeses con el neerlandés, los ingleses con el inglés y los franceses con el francés. El Vananga Rapa Nui fue adoptando palabras, e inevitablemente, sustituyéndolas.

Aún le quedaban por recibir los golpes más duros. Alrededor de 1860, los traficantes que llegaban desde Perú se llevaron a cientos de hombres para someterles a la esclavitud en las haciendas peruanas. Entre ellos estaban los sabios, los ancianos, los conocedores de los saberes que se encerraban en la antigua escritura Rongo-Rongo, los últimos intérpretes. Su lengua se tambaleaba, también sus tradiciones. Se quedó sin sus maorís y con solo un centenar de habitantes, pues aquellos que volvieron de la experiencia esclavista portaban enfermedades que contagiaron al resto de la población. Un hachazo irreversible para su cultura.

Noche estrellada en Rapanui.
Creative Commons

Amaneció desolada, pidiendo auxilio en silencio, estaba quedándose muda poco a poco. Los gritos se escucharon desde un barco de misioneros, que más que la palabra “necesidad” socorrieron a la palabra “oportunidad”. Descubrió al cristianismo, y sin poder de decisión, asumió la disciplina alejándose cada vez más de sus creencias. Sentimientos encontrados, la esperanza y la nostalgia.

Deseada y algo desorientada, fue a su encuentro el francés Jean Baptiste Dutroux-Bornier, que la convirtió en un criador de ovejas. Condenada a ser objeto de lucro para el francés y para su amigo inglés John Brander, su población empezó a descender hasta llegar tan solo a 110 rapanuis. Le arrebataron a sus hijos, junto a los que forjó una identidad única durante cientos de años. Solo 150 años atrás, esta madre abandonada en el Pacífico daba el pecho a 6000 rapanuis. Los intereses de los comerciantes extranjeros la desnudaron, no solo despoblándola de personas, sino también saqueando gran parte de su patrimonio arqueológico. Se llevaron su cultura tangible y transformaron – e incluso hicieron desaparecer-  su cultura intangible.

La isla de Pascua está en mitad del oceáno Pacífico limitando la Polinesia en su vértice oriental.
Fotografía: Michelle Clarke. Creative Commons.
Y se convirtió en mercancía. La cosmovisión rapanui cada vez sufría mas estragos. Pasó, como las monedas, de mano en mano. El inglés se la vendió a un francés de Valparaíso para luego caer en manos de la compañía escocesa Williamson & Balfour. Absorbe aquí nuevas corrientes culturales que la siguen transformando. Su reino, dirigido por Atamu Tekena, recibió las “Escrituras de cesión” con la intención de adherirla a Chile. Un nuevo capitulo de sometimiento para ella, donde el rey Tekena con un gesto, le prometió no abandonarla. Cogió un pedazo de tierra entre sus manos y, mirando a la cara al capitán Policarpo Toro, dijo: “Esto es para ti, nosotros nos quedamos con la tierra”, con la intención de aclarar que la soberanía y la administración se la cedían a Chile, pero que ellos seguirían siendo dueños de su tierra. La lengua cayó en combate. La marina chilena atacó directamente a ese elemento que se les escapaba de las manos, algo que nunca podrían dominar como lo hacían sus habitantes. La lengua rapanui fue prohibida.
El mareo le duro unos años. Un poco anestesiada y bailando al son de lo que traían las olas del océano. Demasiadas lenguas, muchas tradiciones y religiones se batieron como una licuadora en su estrecho cuerpo. Hasta que en 1966 se despertó. Alfonso Rapu lideró un movimiento nativo que denunciaba los abusos del Gobierno y exigía derechos fundamentales, como hablar su lengua nativa con libertad. El presidente de Chile aprobó la llamada “Ley Pascua”, reconociendo alguno de los derechos demandados. Y se abrió a nuevos visitantes. Empezó a enfocarse en el turismo con una doble personalidad, entre la Polinesia y el continente americano.
Atardecer en isla de Pascua.
Creative Commons
A veces se confunde, o la confunden. A veces se ofende con los jóvenes, se siente traicionada al ver su tradición hecha negocio. Otras veces se queda callada, pensando en que es la única manera de sobrevivir. A veces llora pensando en lo que pudo ser, y a veces se alivia pensando que a pesar de todo, sigue viva. A veces se monta en el lomo del hombre pájaro que tantas veces la vio renacer y se observa, desde arriba, y escupe palabras en la lengua rapanui, regando con su saliva la tierra, pero pocos la llegan a entender. Entonces, se muerde la lengua, tiene miedo de hacer ruido. Se quiere deshacer de su cuerpo, regalarlo, pues no se siente cómoda vestida de otro idioma. Luego vuelve a ser tierra y espera mirando sus cicatrices. Siempre, desde algún rincón, encarnada en alguna persona, aparece la esperanza. Llega hablando rapanui, para recordarle que reinventarse empieza por no perder la memoria.

La lengua que susurra el desierto

La lengua que susurra el desierto

EL VIAJE
La lengua que susurra el desierto
Idoia Olaizola
En el desierto de Atacama vive el pueblo Lickan Antay. Hablaban el kunza, pero la invasión española exterminó su lengua materna. Sin embargo, esta sigue viva en la memoria de los atacameños en el nombre de sus volcanes o en sus cánticos a la tierra. Pero sobre todo vive en la memoria de Tomás Paniri, líder que luchó en contra de los españoles durante la colonia.
 Sopla un aire seco. El calor es intenso. La arena se cuela entre los dedos de los caminantes. Van camino a su hogar, a su ayllu. Escasea el agua. Viven en condiciones extremas, en el desierto más árido del mundo. Son los atacameños, también conocidos como Lickan Antay, los habitantes del desierto de Atacama al norte de Chile. Lickan es ciudad o pueblo en lengua kunza mientras que antay es gente. Por tanto, el pueblo atacameño se autodenomina como “gente de esta tierra”. Ha sido un pueblo subordinado a otras culturas, pero que hasta hace no muchas décadas conservaba su lengua. Esta tenía una particularidad y es que la mayoría de palabras se apoyaban de gestos para poder entenderse. El kunza se perdió a finales de los años 40. Hasta 1949 se utilizaba como primera lengua, pero ahora pocos habitantes la saben hablar y solo conocen vocablos sueltos sin la certeza de estar pronunciándolos bien. Los últimos registros que de ella se tienen, los realizó en 1956 la investigadora Grete Mostny, sin embargo, la lengua sobrevive en cantos y en los nombres de las montañas y quebradas del lugar.
Vista general del volcán Licancabur
Fotografía de Idoia Olaizola

Licancabur es la montaña sagrada de los atacameños. Su nombre significa «cerro del pueblo” y se puede observar desde cualquier punto del desierto. Es tal su importancia que los muertos son enterrados en dirección al volcán. En la época de la conquista, con la intención de modificar sus creencias, los españoles cambiaron la entrada del cementerio para que ya no mirara en dirección a Licancabur. Los atacameños fueron más listos y cambiaron los muros de su cementerio, formando en la parte superior pequeños triángulos que representaban el volcán. Fue su manera de seguir ofrendando a sus muertos Y seguir con sus tradiciones.

«¿Por qué no pueden hablar en kunza, ustedes? ‘Porque vinieron los españoles y les cortaron la lengua’”

El atacameño ha sido un pueblo que estuvo en contacto con distintas culturas. Primero, la tiwanaku de la que adquirieron conocimientos como la fabricación de tejido o la creación de herramientas. Más tarde fueron conquistados por los incas, lo que se refleja en la adoración a los apus o la creación de pukarás o fortalezas. Por último, llegaron los españoles. Y con ellos, la destrucción. Fueron obligados a trabajar como esclavos, intentaron cambiar sus mitos y creencias y aniquilaron su lengua. Por miedo a una rebelión, los colonizadores cortaban la lengua a aquellos que no hablaban castellano. Esta práctica continúa hoy en día en el imaginario de los niños del lugar, como muestran las notas del diario de campo tomadas por el investigador Ramiro Catalán: «¿Por qué no pueden hablar en kunza, ustedes? dice la profesora. ‘Porque vinieron los españoles y les cortaron la lengua’ responde una niña”.

Cordillera de la Sal en el desierto de Atacama
Fotografía de Idoia Olaizola

Sin embargo, la lengua sigue viva en el desierto, y hay un nombre que susurra con especial fuerza. Es el de Tomás Paniri, que en lengua kunza significa “el que lleva o el que da”. Después de años de opresión a manos de José Fernández Valdivieso, Paniri se levantó en armas y lideró una revolución indígena en contra de la opresión española que duró diez años. Anteriormente había compartido y aprendido de los líderes quechua y aymara Tupac Amaru II y Tupac Katari, hecho que empezaría a gestar su imagen mitificada. En 1781 doscientos atacameños tomaron la casa de Pedro Manuel Rubin de Celis acusado de confidente. Fue llevado a la cárcel de San Pedro, igual que sucedió con otras figuras españolas de la zona. Pero la iglesia, de nuevo, volvió a actuar. Alejo Pinto, el cura de Chiu Chiu, municipio de la región de Antofagasta, acusó a Paniri de ser enviado del diablo, por hablar lengua kunza, y por llevar a cabo los ritos lickantay. Los habitantes pidieron diálogo entre ambas partes. Tomás aceptó. Pero durante las negociaciones los españoles lo traicionaron, llevándolo preso por el asesinato de cinco españoles. Igual que su análogo quechua, Tomás Paniri fue ajusticiado el 14 de mayo de 1781, en Iquique, atado de pies y manos a cuatro caballos que tiraron en direcciones opuestas hasta desmembrarlo.

La muerte del rebelde indígena no consiguió apagar las revueltas, y mitificó su figura en el imaginario popular. Los españoles y la iglesia intentaron destruir a Tomás Paniri, al pueblo lickanantay y su lengua kunza, pero lo único que consiguieron fue que el desierto susurrara sus nombres con más fuerza.

Pürüm Llemay! y la contra información en mapuzugun

Pürüm Llemay! y la contra información en mapuzugun

EL VIAJE

Pürüm Llemay! y la contra información en mapuzugun

Ignacio Espinoza

 

 

Publicó su primera edición impresa y está escrito completamente en lengua materna. El medio busca propagarse por todo el territorio de Wallmapu y Puelmapu para acercar a la gente con la cultura. Ilustraciones, opinión y  un relator que narra los partidos de fútbol en mapuzugun son parte de las noticias que fueron abordadas en el reciente número. Pero también buscan mostrar el otro lado de un pueblo que la prensa  ha estigmatizado como terrorista y delincuente.
El pasado 28 de mayo el equipo chileno Colo-Colo jugó por el campeonato nacional contra Unión La Calera. Mientras las radios, medios online y la televisión transmitieron la derrota  del Cacique por 2 goles a 0, una cuenta en Facebook hizo lo mismo pero de otra manera, en mapuzugun. El trabajo fue de Colo Colo Mapuzugun Mew, cuya historia acaparó la atención de un periódico. No fue El Mercurio, La Tercera o Las Últimas Noticias, el medio que abordó aquella iniciativa fue Pürüm Llemay!, diario que está escrito completamente en la lengua mapuche.

“El mundo está en español y tiene suficientes medios de comunicación para seguir masificándose. El Purüm Llemay! no tiene por qué ser otro medio más donde se reivindique otro medio que nos ha estado minorizando. Entonces nosotros y nosotras creemos que este podría ser el único espacio donde el mapuzungun tenga una hegemonía”, afirma Elizabeth Núñez, directora del diario. Ella, junto a un grupo de chicas y chicos, recuperaron la lengua materna, pero vieron que el mapuzugun no debía quedarse solo en las cuatro paredes de la casa, también tenía que estar en otros espacios del quehacer cotidiano como la radio, la prensa o los dibujos animados.

Elizabeth Núñez es la directora del diario y realiza clases de mapuzugun.
Fotografía de Joseba Urruti
A partir de eso surgió la iniciativa de impulsar el medio. Primero fue en internet y luego dio el paso a la primera versión impresa, los primeros ejemplares fueron vendidos en Temuco –donde vive el equipo– y luego mandaron 200 periódicos para que se adquirieran en Santiago. “La idea es que esto pueda llegar en papel a una comunidad o una persona que es de campo y sabemos que esas personas pueden hablar mapuzugun y pueden decir que se están hablando de cuestiones importantes en mi idioma”, agrega la directora.
«El mundo está en español y tiene suficientes medios de comunicación para seguir masificándose. El Purüm Llemay! no tiene por qué ser otro medio más donde se reivindique otro medio que nos ha estado minorizando»
Ilustraciones en mapuzugun, la publicación del cómic “Galvarino” –mapuche que luchó contra la colonización española– y una serie con muñecos que hablan en la lengua materna son parte de las temáticas que publicó el medio en la primera edición. El objetivo, abordar la cotidianeidad y, de paso, fortalecer la lengua. “Es un derecho lingüístico y un derecho político, contar nuestra propia historia en nuestro propio idioma. Es una reivindicación más y una señal a las próximas generaciones de que se puede hacer todo en mapuzugun”, añade Elizabeth Núñez, quien de paso reitera que no tienen contemplado agregar una traducción al español: “El cerebro es cómodo y no va a darse el trabajo de ver la noticia completamente sino que automáticamente va a ir a la columna que está en español. Eso va a significar que es un trabajo prácticamente perdido hacerlo en mapuzugun si, al fin y al cabo, van a leerlo en español”.
De tradición oral, Elizabeth corrige que la parte escrita de la lengua no es reciente, también cuenta con cinco siglos de escritura. Pero en la actualidad el porcentaje que escribe en mapuzugun es mínimo, cifra que se reduce a un margen que, además de libros, fortalece el idioma en las redes sociales. “El problema es que lo hacían muchas personas que venían aquí con objetivos de estudiar el idioma desde un punto de vista lingüístico como lo hicieron muchos religiosos de la época que eran jesuitas y ellos principalmente escribían mapuzugun. Hoy la idea es que todas podamos escribir y podamos comunicarnos porque es el objetivo principal de un idioma, comunicarse”, afirma.
En Santiago el diario está a la venta en la Librería Proyección por $1.000.
Fotografía de Joseba Urruti
La financiación del diario fue autogestionada por el equipo quienes lograron conseguir el dinero para imprimir los primeros 500 ejemplares a través de rifas. El mecanismo les permite ser independientes a la hora de publicar cualquier tipo de noticia. Elizabeth enfatiza que Pürüm Llemay! también busca hacer frente a la información que publican los otros medios tradicionales quienes han estigmatizado al pueblo mapuche  en el denominado Conflicto Mapuche con noticias donde se les carga el rótulo de terroristas o delincuentes.

“Es una forma de mostrar que nosotros no solamente vivimos en base a un conflicto, el conflicto en algún momento puede terminar y el mundo mapuche no, no va a terminar en un conflicto”, plantea y agrega que los temas abordados tampoco van a caer en el sensacionalismo con el fin de vender más ejemplares: “No tenemos esa cultura que está instalada del sexismo y de aprovecharse de la figura de las mujeres. Entonces en ese sentido si somos contracultura, si somos contra hegemónicos desde el punto de vista del idioma, que es un idioma minorizado y que se ha visto minorizado históricamente por el estado chileno”.

Santa Cruz no es ciudad para ayoreos

Santa Cruz no es ciudad para ayoreos

EL VIAJE
Santa Cruz no es ciudad para ayoreos
Alejandra Gayol
Áticos, luces, descapotables. Orgullo de ser descendiente de los colonizadores, ser los bolivianos no indígenas. Palmeras, pantallas publicitarias, Starbucks. En el pecho, ser lo más parecido a una ciudad vacacional de Estados Unidos. Pubs, restaurantes, centros comerciales. La satisfacción de ser el epicentro comercial y financiero del país, sede de las empresas internacionales. Enfermedades, prostitución y desigualdad. La cara de la ciudad que los santacruceños no quieren reconocer. De la invisibilidad, la marginación de la comunidad indígena ayorea, un pueblo guerrero arrebatado de su entorno para ser víctima en el destierro.
“Son la lacra de la sociedad, porque no saben hacer ningún trabajo”, así señaló su simpatía hacia el colectivo ayoreo German Busch, quien en 2011 fue subgobernador de la provincia del Departamento de Santa Cruz. No todos los santacruceños piensan de igual manera  —podemos suponer—, pero en esta ciudad del oriente boliviano, los comentarios vejatorios hacia los indígenas son demasiado habituales. “Santa Cruz es la ciudad más desarrollada del país por una razón fundamental, nosotros descendemos de los españoles”, expresa libremente un hombre de bigote fino que parece sacado de una fotografía del bando sublevado de la guerra civil española y que se sienta a la sombra de una palmera en la plaza principal. A su lado, en la ciudad del “desarrollo”, una gran caseta de color rosa anuncia la feria de la mujer, donde los electrodomésticos y los utensilios de cocina están a mitad de precio. El sueño de cualquier moza.
Bolivia, Santa Cruz, de Basílica Menor de San Lorenzo. Plaza 24 de septiembre.
Fotografía de Martha de Jong-Lantink splash
Sus tierras han sido escenario de violentos conflictos desde la llegada de los colonizadores. Luchas por la defensa de la tierra y por la negativa de abandonar sus creencias y resignarse al evangelismo que se les imponía. Hoy, su territorio ha sido adquirido por especuladores y terratenientes, y las taladoras exterminan la cultura con la misma rapidez que cortan los troncos de los árboles. Se ven obligados a trasladarse a la ciudad como la única vía posible de supervivencia, donde el desarrollo salvaje e inadaptado de la visión occidental choca drásticamente con su cultura.
Sentada en el suelo en una esquina donde brillan zapatos de altas firmas, con la mano extendida, una mujer ayorea mira con cara de auxilio a los viandantes. La cara visible del pueblo ayoreo, la mendicidad, aquello en lo que se escudan los ciudadanos que escogen no hundir en la raíz de los problemas para desacreditar a los indígenas. “Siguen utilizando esas lenguas ‘de segunda’ con sus hijos, ¡qué pretenden! Yo he obligado a mis hijos a aprender inglés y los he enviado a estudiar a los Estados Unidos”, nos explica un transeúnte que reconoce que la existencia de diferentes lenguas dificulta el control del pueblo por parte de las autoridades. Y es que los ayoreos, aún en la ciudad, mantiene su idioma originario como principal medio de comunicación en todos los ámbitos de su vida, una cuerda que, de alguna manera, aún los ata a la vida que les han arrebatado. Un símbolo de identidad que les sirve de estrategia de relación y reagrupación social.
Niño ayoreo sosteniendo una bandera de Bolivia
Fotografía de Alejandra Gayol
Degüi y Garay son dos barrios localizados a las afueras de la ciudad. Donde ya no se escucha el tráfico, donde no llega la música insaciable de los bares de moda. La precariedad abunda. “Sus viviendas no son habitables, no reúnen condiciones. Son viviendas pequeñas con un solo espacio donde hacen todo. Cuando llueve les entra el agua y lo poco que tienen se moja, no tienen servicios como energía o agua potable. Todo es consecuencia de que no tienen título de propiedad. Sus casas no pueden llamarse viviendas dignas”. Explica Rosana Melgara, asesora de la central ayorea nativa del oriente boliviano. Y es que ambos asentamientos, tanto Degüi como Garay, son ilegales. La comunidad ayorea lleva 50 años viviendo allí, pero las instituciones no les permiten obtener los títulos de propiedad porque alegan que estas son áreas destinadas a equipamiento. “Todo lo que han conseguido es un pacto con el gobierno municipal donde les ceden este espacio para vivir por 30 años. Hay muchos proyectos que se podrían hacer para que estas personas vivieran mejor en los asentamientos como el de Garay, pero declaran que estas tierras son de propiedad privada y esto quiere decir que los ayoreos no tienen derechos reales sobre el terreno. Estos asentamientos son posibles gracias a las ONG internacionales”, añade la socióloga.
Asentamiento mayoreo de Degüi a las afueras de Santa Cruz de la Sierra
Fotografía de Joseba Urrutikoetxea
Ser ayoreo en la ciudad es tarea difícil. Su cosmovisión se enfrenta a un estilo de vida con importantes diferencias. En varias ocasiones, las autoridades han hablado de ayudar a la población ayorea facilitándoles el emprendimiento de empresas con el propósito de integrarles —o imponerles— el estilo económico y social de la ciudad. “Estas son ideas totalmente erradas, porque ellos viven en una sociedad igualitaria y cualquier excedente es un estorbo y un motivo de discordia. El dirigente, las autoridades, todos viven iguales, con las condiciones mínimas. Son sociedades también extremadamente solidarias. Entonces, lo que hay que hacer, no es cambiar esto por otro modelo, hay que apoyarles permitiéndoles conservar su cosmovisión”, expone Rosana sentada en una silla de plástico en el patio de la CANOB, la central ayorea del oriente boliviano. Un pueblo incomprendido que vive oculto y marginado, aunque en algunas ocasiones, la comunidad se cuela en las noticias del día. Un protagonismo que solo sirve para arrojar sombra. “Somos invisibles, pero muy visibles para mostrar la cara que nos les gusta, la cara de la violencia, de la pobreza, de la mendicidad. El pueblo ayoreo es un pueblo permanentemente estigmatizado. Las notas informativas de los medios son todas negativas, somos sujeto de información solo cuando la noticia es mala. No dan espacio para decir los trabajos que también desempeña el pueblo ayoreo. Ellos sustentan su vida haciendo bien su actividad, como la artesanía o las labores de jardinería. Solo la clefa o el trabajo sexual son noticia, todo lo negativo. Esto les afecta muchísimo. Hay una deuda enorme del estado boliviano con los ayoreos”, añade.
«Hay una deuda enorme del Estado boliviano con los ayoreo»
La lengua es un escudo para el pueblo ayoreo, una capa que protege sus raíces. El único resquicio de su cultura sobre el que aún pueden ejercer el control. La historia ha intentado eliminarlo, pero el pueblo se ha negado. Cuando te lo han robado todo, cuando eres invisible ante la justicia, cuando tu vida se desenvuelve en un entorno que no te pertenece, cuando te imponen una nueva cultura, un nuevo estilo de vida que no solo no entiendes, sino que se va de tus principios, de tu manera natural de entender la armonía y el “buen vivir”, la lengua se queda para identificarte, te ayuda a no olvidar la lucha, a no sucumbir a la resignación. “La cultura ayorea tiene que ser conocida en el departamento, en las universidades, en la unidad educativa. Tendría que haber apertura para que se integre, pero hay que facilitar y apoyar alternativas e iniciativas suyas, relacionadas con su cosmovisión. El pasto, los árboles, son diestros en esto. Las mujeres en la artesanía, por ejemplo, a través del fomento de toda la cadena productiva de sus artes. El pueblo ayoreo tiene características particulares, únicas. Su propia ideología. Es una cultura rica y extraordinaria que la mayoría de la gente no conoce. Apoyarles empieza por apoyar su cultura”, descansa Rosana en sus palabras, convencida de no dejarles nunca.
Rosana Melgara. Sociologa y asesora de la central ayorea nativa del oriente boliviano
Fotografía de Joseba Urrutikoetxea

Chacha-warmi, la dualidad en el mundo aymara

Chacha-warmi, la dualidad en el mundo aymara

EL VIAJE
Chacha-warmi, la dualidad en el mundo aymara
Idoia Olaizola
Warmi es mujer y chacha hombre. Juntos, al unirse en matrimonio o jaqichasiña, se convierten en un ente, jaqi, que les otorga la cualidad de persona. Ambos tienen las mismas obligaciones y derechos, ya que en la cultura aymara las relaciones son horizontales y nunca de subordinación. Pero en la sociedad actual esta idea ha cambiado. Las mujeres son relegadas al hogar, los hombres toman puestos de poder. Las parejas homosexuales son rechazadas. En definitiva, el mundo aymara perdió la esencia de su concepto chacha-warmi.

En el mundo andino todo tiene una pareja, todo se complementa para alcanzar el estatus de ser completo. Requerimos del “otro” para poder vivir de forma plena. Además, la cultura aymara se basa en relaciones horizontales y no verticales. Esa es la razón por la que existe chacha-warmi. El concepto, por tanto, no se plantea como una lucha entre contrarios sino como una unión con la que alcanzar la armonía sin subordinar unos a otros.

Elias Ajata Rivera, es uno de los máximos impulsores de la lengua aymara. Fundador del grupo Aymar Yatiqaña que trabaja en la traducción del Facebook al aymara, comenta: “Para explicar el concepto de chacha-warmi tenemos que ir a algo más amplio que es el hembra-macho. En nosotros hay esa forma de ver la realidad. Hay piedras hembra y macho. Hay amarro hembra y macho, cuando acordonamos el tenis primero es macho y luego lo hacemos casar con su hembra. En la medicina hay plantas macho y hembra que a la hora de curar se deben juntar y se deben consumir. El chacha-warmi es parte de eso. Es la complementación entre dos elementos que conforman el jaqi que es persona. Esa palabra tiene muchas connotaciones, pero nos vamos a enfocar en una: el jaqichasiña, que es emparejarse o casarse. Entonces te conviertes en persona, en jaqi. Jaqi sería el ente del que vienen los dos elementos del chacha-warmi y de ahí se hace autoridad. Si cuando vas a ser mallku no tienes pareja, tienes que “unirte” con tu mamá o tu hermana o al revés. Siempre es así en pareja. Ese es el chacha-warmi, dos elementos del jaqi.”

Mujeres ¿subordinadas?

A priori entonces, la visión de subordinación no debería tener cabida en el mundo aymara, sin embargo, hoy en día no ocurre así. La mayoría de mujeres aymara sufren una triple exclusión, por ser mujeres, pobres e indias. Esto condiciona su vida, quedan relegadas al trabajo en el hogar y no suelen poder acceder a cargos de responsabilidad.

Como describe Mireya Sánchez Echevarría, filósofa boliviana en su artículo “Chacha-Warmi: del imaginario ideal a las prácticas cotidianas”: “Un día común en la vida de la mujer indígena del área rural significa levantarse a la madrugada, ordeñar las vacas, atender al marido y los niños, ocuparse de la comercialización de la leche (hacer queso para su venta en el mercado). Volver a su casa a dar de comer a los animales y ocuparse de limpiar la casa y poner la olla para cocinar. Después debe atender al marido y los niños en el almuerzo, volver a cuidar y alimentar a los animales. Bajo su responsabilidad también está lavar la ropa, hilar y tejer, asimismo acompañar a su marido en la siembra y la cosecha. ¿Y los hombres? Muchas de ellas dicen: ‘trabajan en la chacra nomás’. La función de la mujer indígena campesina como ‘cuidadora’ de la casa, de los niños, de los ancianos, de los animales, de la chacra, es un pretexto para que los maridos asuman y ejerzan en solitario las más de las veces, la autoridad tradicional que debía darse acompañada de la mujer”.

«Las mujeres, en cambio, están ahí acompañando al hombre por ser la pareja heterosexual y no vía la elección, la representación de la mujer no tiene fuerza ni legitimidad»
Julieta Paredes, escritora feminista aymara, en su libro Hilando fino también habla del problema: “Cuando se elige autoridad, se elige al hombre y automáticamente va su pareja mujer como complemento, ¿quién eligió a la mujer? Nadie de la comunidad, pero al hombre sí, entonces la representación política de los hombres se da vía elección y eso le da fuerza y legitimidad. Las mujeres, en cambio, están ahí acompañando al hombre por ser la pareja heterosexual y no vía la elección, la representación de la mujer no tiene fuerza ni legitimidad”.

¿Y cómo revertir esta situación? Desde el feminismo comunitario, Julieta replantea en un par complementario de iguales warmi-chacha, mujer-hombre, que no es solo una inocente inversión del orden de las palabras, se trata de poner en primer lugar a la mujer, a aquella que está siendo enviada a una posición inferior para visibilizarla y darle ese poder que se le está negando.

Moral cristiana, colonizadora de sexualidades

Otro de los campos en los que chacha-warmi no se aplica es en las relaciones sexuales entre aymaras. Se tacha a la cultura aymara de ser una cultura machista, que tampoco acepta a los homosexuales, pero la realidad necesita de matices. Los aymara tienen la figura del q’iwsa, que es el varón que tiene cualidades femeninas. Igualmente existe urquchi que es la mujer que tiene cualidades masculinas. Por tanto, no son figuras extrañas para el aymara.

Citando a Julieta Paredes: “La comunidad está constituida por mujeres y hombres como dos mitades imprescindibles, complementarias, no jerárquicas, recíprocas y autónomas una de la otra. Lo cual no necesariamente significa una heterosexualidad obligatoria, porque no estamos hablando de pareja, sino de par de representación política, no estamos hablando de familia, sino de comunidad. O sea que no necesariamente todo mundo tiene que estar en pareja heterosexual, casado y con wawas”.
Hay que echar la vista atrás para encontrar la razón del rechazo a las parejas homosexuales y del machismo existente en la sociedad aymara actual. Elías Ajata explica: “Dependiendo de cada uno te podrán decir que q’iwsa y urquchi formaron parejas, aceptadas alguna vez, rechazadas casi siempre pero no es porque eso sea de origen aymara. Hay que considerar un elemento importante en ese tipo de situaciones, lo cristiano, que llegó y ha cambiado la forma de vivir. Incluso se introdujo en la forma de tener relaciones sexuales, como la postura del misionero en la que el hombre tiene que estar arriba y la mujer abajo. También la práctica bíblica implementó que el hombre fuera la cabeza de la familia y que una pareja era formada por la mujer y el hombre. Esa sigue siendo la línea de las iglesias y es lo que ha calado en el pensamiento aymara, pero que tomemos eso como un elemento aymara original, como se quiere analizar en algunos textos, se tendría que analizar como un elemento de la colonización. El rechazo del aymara a lo homosexual se tendría que analizar teniendo en cuenta ese elemento, el religioso”.
La iglesia invadió territorios, lenguajes y cuerpos, pero la sociedad aymara lucha por descolonizar su pensamiento y recuperar aquello de lo que fue despojada.

Jaqi Aru: aymara en la era digital

Jaqi Aru: aymara en la era digital

El VIAJE
Jaqi Aru: aymara en la era digital
Ignacio Espinoza 

 

Son un grupo de doce personas. Se reúnen dos veces a la semanas voluntariamente. Un sitio web y una versión en Wikipedia son los proyectos en los que trabajan para fortalecer la lengua materna. Pero también tienen una iniciativa estrella: abrir una plataforma de Facebook en aymara, proyecto donde confiesan que ya hablaron Mark Zuckeberg para obtener los permisos correspondientes.

A mediados de 2007 la web 2.0 tuvo una revolución con la llegada de Facebook. El proyecto de la red social, encabezado por el estadounidense Mark Zuckeberg, rápidamente se apoderó del mundo digital y actualmente cuenta con más de 1.350 millones de miembros y ha sido traducido a unos 70 idiomas. Y un grupo de 12 personas trabaja en La Paz, Bolivia para que la plataforma tenga otra lengua en el sistema, el aymara.

La iniciativa fue desarrollada por Jaqi Aru, una comunidad de personas bilingües y trilingües en El Alto –Bolivia– que tienen como objetivo difundir el aymara. Para ello cuentan con un sitio web donde publican información de libros y han realizado proyectos como una Wikipedia en la lengua materna. “Estamos desde 2009 de manera voluntaria porque nadie nos financia”, cuenta Edwin Quispe, uno de los integrantes. Éste reconoce que últimamente se reúnen dos veces a la semana, de 5 a 8 pm de la tarde, con el objetivo de sacar adelante el proyecto de instalar la versión de Facebook que incluya el idioma de su pueblo originario. “Esto nace de la iniciativa de un integrante que es Elías Quispe, un día nos propone hacer una plataforma. Entonces ha visto las posibilidades técnicas de lo que es traducir la plataforma de Facebook”, agrega.

Edwin Quise es el director de Jaqi Aru y hablante del aymara
Fotografía de Alejandro González Amador

 

En un comienzo el objetivo fue traducir 24 mil palabras. Con ello el porcentaje de la lengua subirá en la plataforma. Pero faltaba un detalle: conseguir la autorización, tarea donde Quispe confiesa que incluso ya conversaron con el fundador de la red social, Mark Zuckeberg. “Elías se comunicó con él, o sea con él hizo la conversación”, afirma Edwin Quispe y agrega que actualmente ya consiguieron superar los 30 mil vocablos. Sentado en una sala de clases de la Universidad Pública de El Alto, Edwin cuenta que actualmente estudia Ciencias del Desarrollo en la institución educativa y, paralelamente, oficia como director de Jaqi Aru.

 

Los lugares de reunión suelen ser en la zona Satélite (al sur de El Alto), la frecuencia de los encuentros son una vez cada tres meses, salvo cuando hay una situación de emergencia que también los obliga a acudir a la cita. A pesar del trabajo el Facebook en aymara aún no está listo, solo lo han probado los integrantes del grupo quienes trabajan como traductores. “Cuando acabemos el proceso de socialización,  lo vamos a presentar en la universidad. Buscaremos un lugar estratégico para todos los hablantes aymaras. La persona que es simpatizante del aymara lo cambiará como el inglés o el francés”, afirma Edwin. Una cuenta en Twitter y otra en Facebook también forman parte del trabajo que realiza Jaqi Aru. En ambas cuentan publican textos en aymara y también memes. Rubén Hilari fue uno de los fundadores del grupo y destaca lo importante que es vincular la lengua materna con elementos tecnológicos, todo con el objetivo de generar interacción entre los usuarios y que vean que hablar la lengua materna no resulta aburrido.

 

«Me interesa mucho que nuestra ciencia y conocimiento se difundan. Hay muy poco conocimiento de manera sistemática. No tenemos suficientes libros, artículos y monografías»

 

La primera lengua que Edwin aprendió fue el aymara, de ahí cimentó las bases de su identidad, por eso reconoce que pese a no ser lingüista, cree que la plataforma de Jaqi Aru es un gran aporte para fortalecer una lengua indígena que se habla en cuatro países, Bolivia, Perú, Argentina y Chile. “Hablo en todos los contextos, me gusta y me interesa mucho que nuestra ciencia y conocimiento se difundan. Hay muy poco conocimiento de manera sistemática. No tenemos suficientes libros, artículos y monografías”, afirma y agrega la principal motivación de pertenecer a la organización: “No me identifico sin el idioma, antes de ser boliviano digo que soy aymara. Es por eso mi interés. Soy a morir aymara”.