Un caracol que combate el sistema mexicano

Un caracol que combate el sistema mexicano

El VIAJE

Un caracol que combate el sistema mexicano

Ignacio Espinoza 

 

 

Enclave de lucha contra las leyes del gobierno. Los turistas lo visitan a diario para saber dónde está la gente que se cubre el rostro con pasamontañas y vive de forma autónoma. En Oventik, territorio zapatista, las decisiones son para el porvenir del pueblo indígena, la educación se organiza según las temporadas de cosecha y la enseñanza parte de una premisa, hablar la lengua materna, el tzotzil y tzeltal, significa valorar la cultura y un símbolo de resistencia. 

Un manto de niebla arrasa las montañas de los altos de Chiapas mientras la nitidez alcanza la misma distancia que un atleta consigue en el lanzamiento de jabalina. Dos mujeres se cubren la cara con pasamontañas y observan la lluvia caer desde una caseta. Son las encargadas de vigilar quien entra y sale por una reja de color negro y rojo que marca donde está Oventik. El nombre suena como cualquier otra localidad que se puede encontrar en el camino serpenteante de las montañas, pero un letrero explica la importancia del lugar: “Está usted en territorio zapatista en rebeldía, aquí el pueblo manda y el gobierno obedece”.

Oventik es un caracol que pertenece al Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y funciona de manera autónoma desde 2003. Tras no llegar a buen término las negociaciones con el gobierno mexicano en los Acuerdos de San Andrés, donde no se cumplieron las demandas planteadas por el EZLN  —conseguir un reconocimiento constitucional de los derechos de los pueblos indígenas en México—, éste decidió continuar de manera autónoma y creó los organismos llamados caracoles, que albergan los municipios indígenas que se erigieron tras el levantamiento zapatista de 1994. Con los años Oventik se transformó en uno de los íconos de la lucha por los derechos y dignidad de los pueblos indígenas en Chiapas como también un ejemplo de sistema de gobierno autonómo en rebeldía bajo el lema «mandar obedeciendo».

Por su cercanía con San Cristóbal de las casas, el lugar es visitado por los curiosos que llegan para conocer uno de los terrenos donde la gente lleva pasamontañas al igual que el subcomandante Marcos —la principal figura del EZLN— y donde se pueden tomar fotos de las casas pintadas con murales de Emiliano Zapata que van acompañados con mensajes de solidaridad con la lucha de otros pueblos minorizados en el mundo como los kurdos y mapuches, que también combaten por conseguir su respectiva autonomía.

Ingresar como visita es una probabilidad casi segura. Solo basta con llegar hasta la entrada y decir que se quiere conocer el caracol. Pero hablar con la Junta de Buen gobierno es otra petición donde el sí no está garantizado. Desde su formación, las Juntas de Buen Gobierno se rigen por una directiva elegida por la comunidad y vela por el bienestar del caracol. Todos los domingos los integrantes, hombres y mujeres, deben rotar los puestos por otra gente del lugar. Nuestra intención era solicitar una audiencia para conversar sobre la importancia de que se hable el tzotzil y tzeltal dentro de la comunidad y como símbolo de lucha. El día que hicimos la petición fue un domingo, un hombre nos recibió en la entrada y explicó que, como era el cambio de mesa, la solicitud no iba a poder realizarse. Pidió las disculpas del caso, recomendó regresar durante la semana y nos invitó a hacer una visita por el lugar, cordialidad que fue aceptada.

En el caracol también hay una cafetería donde los ingresos son para la comunidad.
Fotografía de Joseba Urruty
Tres días después fue el segundo intento. La niebla cedió ante un clima que da calor al sol y frío en la sombra. La mujer que montaba la guardia de turno utilizaba otra de las vestimentas icónicas del EZLN, el paliacate, especie de pañuelo que solo cubre la nariz y boca. Otra vez la pregunta de rigor: poder hablar con la Junta de Buen Gobierno. Se fue y a la media hora llegó un joven con pasamontañas en la cabeza que anotó los nombres, profesión y la petición. Completamos el trámite y entregamos un papel por escrito donde se explicaba el motivo de la visita junto a cuatro preguntas que queríamos hacer. La carta fue una recomendación debido a que los zapatistas no dominan bien el español y, al plantear algo por escrito, la comprensión de la petición se facilita para ellos. Se fue otra vez, pero con un regreso anticipado. Pasó el rato y comenzaron a llegar los curiosos del día. Cuando el joven regresó portaba otro papel. Nuevamente el mismo proceso; nombre, profesión y motivo de la visita. La misma respuesta y como postre la explicación de la visita: presentarse ante la Junta. “Eso no va a ser posible”, dijo en un español escueto.

No fue necesario un tercer intento.  Ya comenzaba el regreso sin la misión completada cuando el joven volvió a llamar. Apoyado en la reja roja con negro dijo que una de sus compañeras nos iba a guiar hasta donde estaba la Junta de Buen Gobierno. Entramos por segunda vez al caracol, de otra manera pero con el mismo propósito.

Caminamos y nos detuvimos frente a una casa. Tocaron la puerta y otra mujer con pasamontañas abrió. Entramos. En una de las paredes se extendía un lienzo con el dibujo del subcomandante Marcos y un ejército de zapatistas con pasamontañas detrás. En el resto de las paredes colgaba un retrato del Che Guevara, un machete y fotografías de zapatistas mientras que en el centro de la sala una vitrina resguardaba doce bastones amarrados con cintas verde, blanco y rojo. . Un hombre sentado frente a un escritorio habló en cámara lenta, llevaba un reloj marca Casio en la muñeca izquierda, el infaltable pasamontañas y una chaqueta Adidas roja sin mangas que cubría una camisa azul arremangada hasta los codos. Volvió a preguntar los nombres, país de procedencia y profesión.

         —Hay preguntas que se pueden responder y otras que no —dijo.

Una mujer con pasamontañas y una z bordada enla prenda estaba sentada junto a él. Mientras que dos hombres más y otra mujer vigilaban la situación de brazos cruzados y con una mirada penetrante. El interlocutor tenía en la mano el papel con la petición escrita. La miró y comenzó a hablar sobre la importancia de hablar en la lengua materna dentro del caracol.

         —Hablamos el tzotzil y tzeltal pero no podemos ir a la comunidad tojolabal a decir que nuestra lengua es la mejor.

El tzotzil y tzeltal no son las únicas lenguas que se enseñan en Oventik, también se imparte el español, pero con una condición. “Enseñamos español para comunicarte y no humillarte, porque un símbolo de nuestra resistencia es hablar en lengua materna”, afirmó. Mientras explicaba las fechas del sistema de educativo en la comunidad y que se rigen por el calendario de siembras y cosechas, y no por un año académico como lo dictan los programas de gobierno, uno de los zapatistas se quedó dormido mientras otro comenzó a leer un libro. “Saber tu lengua es autonomía. El mal gobierno tiene una educación única y no enseña la diversidad cultural”, expresó. Pero un plan de educación diferente al mexicano no significa renegar enseñanzas como las matemáticas o las ciencias.

        —Usamos hierbas medicinales porque valoramos nuestra cultura y respetamos la medicina occidental. Pero también estamos en contra del sistema privado.

Las casas en Oventik están adornadas con retratos del Che Guevara o Emiliano Zapata.

Fotografía de Joseba Urruty

Al interior del Caracol se pueden ver frases escritas en tzotzil que hacen alusión a la lucha zapatista. Mensaje que se les enseña a los menores con el arma del tzotzil: “Enseñamos nuestra legua para valorar nuestra cultura. No vienen profesores de afuera porque no entienden la cosmovisión del pueblo. No tienen sueldo porque es un cargo de la comunidad, cada gente les paga con especie”, aclaró el interlocutor quien también agradece el apoyo que le han dado los organismos extranjeros a la lucha del zapatismo y a los turistas incondicionales que visitan Oventik.

        —Mucha gente dice que es un honor, pero para nosotros es un honor que la gente se interese por nuestra lucha y resistencia.

El viejo que leía el pensamiento zapoteco

El viejo que leía el pensamiento zapoteco

EL VIAJE

El viejo que leía el pensamiento zapoteco

Ignacio Espinoza 

 

 

Pintor. Fue condenado a la cárcel por ser comunista durante la década de los 70 donde descubrió que la liberación estaba en su cultura indígena. Nicéforo Urbieta combina desde hace 40 años el xigaab —pensamiento— con el arte y plantea que hablar la lengua no es suficiente. Tiene que ir de la mano con la cosmovisión del pueblo.

 

Tres hojas paradas apoyadas sobre la pared, una mesa de cemento de 40 centímetros de ancho por 40 centímetros de largo y una luz que estaba a punto de apagarse. Los ruidos de los fierros y el carcelero que cerraba las celdas, una por una. Antes de que llegaran a la suya, Nicéforo Urbieta, preso político, tuvo un destello  en la mente. En el papel tenía dibujado el primer tomo de El Capital de Karl Marx, lo vio y encontró un camino ligado a las raíces, los códices mesoamericanos. Fue en 1977, todo lo que él entendía por civilización se había destruido. Cuestionó la cultura occidental y valorizó otra, la indígena.

Nicéforo Urbieta es un nombre conocido en la ciudad de Oaxaca. El maestro, como le dicen sus cercanos, se ha convertido en una eminencia en las artes plásticas y también en la difusión de la cosmovisión del pueblo zapoteco. La investigación del xigaab —pensamiento— es el trabajo al que ha dedicado más de 40 años. Para el artista cada palabra comprende un universo, pero confiesa que hablar por hablar no sirve y también critica las tendencias que han surgido por revitalizar el idioma. “Todas las lenguas sufren como las piedras del río. Pierden forma con el cruce de culturas, el zapoteco no es la excepción. Se pueden haber campañas de preservación, pero esa misma campaña puede ser una acción concreta de desaparición del pensamiento”, sostiene y agrega: “En la facultad de idiomas se han dado clases de zapoteco, pero el zapoteco que tiene más cantantes, poetas y pintores como Francisco Toledo que lo habla. Pero todo esto ha estado en el cruce de camino entre las culturas del Pacífico y Atlántico”.

«Se pueden haber campañas de preservación, pero esa misma campaña puede ser una acción concreta de desaparición del pensamiento”

Cuando habla, Nicéforo Urbieta pronuncia palabras en zapoteco con el respectivo sonido onomatopéyico que caracteriza a la lengua, un factor clave para entender el pensamiento. “Lo vemos en los simios como hacen gestos. En estos gestos está la sabiduría de la cultura zapoteca y olmeca. Creo que en la lengua existe ese mismo mundo arqueológico de hacer arqueología del pensamiento. Eso es buscando los sonidos ancestrales”, afirma. En 1987 el pintor tenía claro que lo que quería hacer era difundir el xigaab, pero como no sabía comenzó a investigar en textos de náhuatl hasta que encontró la respuesta, todo se remitía a una fecha calendárica, el nacimiento de Quetzalcóatl (Serpiente Empludada), la primera piedra con la que Urbieta cimentó su trabajo. “Xiigab es nueve viento, día en el que Quetzalcóatl puede dialogar con la humanidad, él buscaba el ser dialogante porque en el diálogo puede nacer en zapoteco. Por eso al ser humano se le dice ‘Bh’, que significa transformación. Cuando revisas el calendario, son etapas de evolución”, explica. Desde ese entonces siguió su trabajo como pintor, en cada obra plasmó el pensamiento de su cultura y siguió con la lectura. También participó de charlas donde explicó la etimología de la lengua y que esta va de la mano con una mirada sobre el universo. Pero no era todo, también era regresar a su historia y el encuentro con lo indígena.

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Con un calendario el pintor también plantea la cosmovisión de tiempo y espacio en zapoteco

Fotografía de IgnacioEspinoza 

La lengua la aprendió por inercia. Sus padres hablaban zapoteco y ese vocabulario fue el que reinó el ambiente donde creció hasta que salió de la comunidad para continuar con sus estudios. Ahí se produjo el choque cultural. Todo lo que se estudiaba era en español, pero la pasión por el dibujo y la pintura ya estaban. En 1968 ingresó a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, un año donde la efervescencia política que vivía el país no eran ajenas en la ciudad. Las universidades bullían de propuestas y la mirada de la izquierda fue afín con la manera de pensar de Nicéforo Urbieta. Pero también fue un período oscuro en la historia de México. En 1971 se produjo el “Halconazo” en México, unos 120 jóvenes fueron asesinados por manifestarse en las calles de la capital. El hecho no fue ajeno en el valle de Oaxaca donde Nicéforo y sus compañeros de universidad se organizaron para expresarse a través del arte. La postura de izquierda, talleres de artes plásticas y la participación en casas de cultura no fueron suficientes, la represión por parte del gobierno fue sistemática a través de la publicidad, desarticulación de academias y asesinatos de quienes no eran posible de cooptar. Solo quedaba una solución, la militancia armada.

Al recordar esos años Nicéforo Urbieta aprieta el puño. Enfoca la mirada hacia el cielo mientras sus ojos pasan del blanco al rojo empañado. Las palabras son escuetas, la respiración se le corta hasta que finalmente logra expulsar una oración balbuceante. “Un factor determinante de eso fue Salvador Allende. Cuando vimos la experiencia chilena… Fue la democracia que se rompió. Para nosotros él era una esperanza de que había una tercera vida”, confiesa mientras espera unos segundos para reunir la fuerza y decir: “La historia que siguió fue difícil. Fue como despertar y decir fue una ilusión. Para los que vivíamos ese momento ese le dio fuerza a los movimientos. Lo que sucedió con la dictadura de Pinochet fue decirnos que no hay otro camino. Eso es lo que nos terminó de convencer. Fue muy doloroso para todos”.

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«Lo que sucedió con la dictadura de Pinochet fue decirnos que no hay otro camino. Eso es lo que nos terminó de convencer. Fue muy doloroso para todos”.

 

Entró en la clandestinidad y lo arrestaron. Lo condenaron a seis años de prisión, lugar donde también tomó consciencia de sus raíces. “Yo pienso que es el destino de todos los indígenas. Legalmente estuve condenado a cuatro años y fueron seis. Seguramente porque estaban buscando más delitos. Se decretó amnistía en 1978 y 1979 y continué en la cárcel hasta el 81 en que quedé en libertad. Habían presos de 60 años de condena que salieron antes”.

Pero gracias a ese oscuro período Nicéforo despertó y hoy vincula el pensamiento de un pueblo con otros tipos de artes. Para él todo es un diálogo que forma parte de la cosmovisión del Xigaab. Por eso desde 2013 creó un calendario donde explica parte del pensamiento zapoteco a través de 21 dibujos que representan la fase evolutiva del ser humano hasta alcanzar la felicidad, todo explicado según la palabra. Ha visto que la recepción de los jóvenes es buena cuando habla con ellos sobre la cosmovisión y se mantiene optimista porque también le han mencionado la posibilidad de enseñar un diplomado sobre la continuidad de la lengua con el pensamiento.

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En su obra el pintor toma como referencia el arte europeo

Fotografía de Ignacio Espinoza

Mientras mira un lienzo que hay frente a una pared, el artista reflexiona sobre las combinaciones que hizo para dar vida a su pintura. Una mujer indígena amamanta a un niño y de fondo se divisan líneas que dan forma a la geografía de México. La imagen es una referencia a Virgen de la Leche de Leonardo Da Vinci . “Me critican mi manera de trabajar. Pero para mí se revela una manera de hacer conocimientos. En base a ese pensamiento era claro que los zapotecos tenían que entrar en diálogo con los europeos. Siempre se espera que el diferente traiga cosas que pueden ser integrados al propia bagaje cultural del conocimiento”.

El salvavidas tecnológico de la cultura en Oaxaca

El salvavidas tecnológico de la cultura en Oaxaca

El VIAJE

 

El salvavidas tecnológico de la cultura en Oaxaca

 

Ignacio Espinoza 

 

Yalam, la aplicación gratuita que enseña 16 lenguas maternas del estado y que fue diseñada por cuatro jóvenes en la universidad.

 

 

Comenzó como una tarea para la carrera de Ingeniera en tecnología de la información. Cuatro jóvenes tuvieron que crear un proyecto para pasar la materia Integradora en la Universidad Tecnológica de los Valles Centrales (UTVCO). La propuesta: crear una aplicación donde se ideó una aplicación que enseñaba el mixteco. Pero la iniciativa traspasó las salas de clases y se convirtió en Yalam, app que enseña las 16 lenguas maternas del estado de Oaxaca como el mixteco, tzotzil, náhualt y zapoteco, junto a idiomas que están próximos a desaparecer como el chontal, triqui, cuicateco e ixcateco.

Un año ha pasado desde que nació el proyecto. Tiempo donde Rocío López, Gemma Citlali Yáñez, Félix Pérez y Richard Mendoza debieron organizarse para seguir los estudios y con Yalam, que en mixteco significa lengua. Diseñaron un plan, cada uno cumplía con las actividades académicas para luego trabajar en las tareas que requería el proyecto. “Nos fuimos con el Centro de Estudios y Desarrollo de Las Lenguas Indígenas de Oaxaca –Cedelio– porque necesitábamos más lenguas y, como tienen investigación, nos ayudaron en los audios y traducción de las palabras», cuenta Rocío.

 

 

 

Gemma Citlali y Rocío López muestran la aplicación que se puede descargar gratis.

 

 

Crédito: Ignacio Espinoza.

 

Sentada bajo un árbol, frente a la catedral de la ciudad de Oaxaca, saca su teléfono celular y con el dedo enseña la aplicación mientras su compañera Gemma la observa. “Podemos encontrar 640 palabras en total que se dividen en las 16 lenguas con una variante por cada una de ellas”, afirma mientras explica que, para enseñar cada idioma, se hizo una división de cuatro categorías; cuerpo, animal, fruta y verdura y hogar. “Cada una tiene diez palabras donde se ve la imagen y la traducción de la palabra”, añade.

Yalam también pronuncia la palabra con un audio del pueblo originario donde se sustrajo la lengua. Una marca que se remonta a la raíz del proyecto cuando visitaron la comunidad de donde vivía Richard y, al hablar con los niños, les hicieron ver la importancia de que ellos hablaran su lengua, el mixteco. “Tenemos una parte donde viene información de las poblaciones y un mapa de Oaxaca donde se dividen las lenguas y en que parte se hablan”, dice Rocío mientras que Gemma agrega: “Seguimos trabajando con comunidades, pero por falta de dinero no hemos podido ir a todas”.

 

 

«Nosotros recalcamos que es importante aprender la lengua extranjera, pero también conservar la originaria»

 

Por otra parte la aplicación también muestra los trajes representativos de cada comunidad. Estos están divididos en ocho hombres y mujeres con el motivo de visibilizar la equidad de género. Pero otro de los focos  que se propuso el grupo son los niños que quieren aprender algo nuevo. “Los papás les dicen que cuando se migren a la ciudad deben aprender español. Nosotros recalcamos que es importante aprender la lengua extranjera, pero también conservar la originaria”, recalca Rocío mientras que Gemma agrega que también es importante continuar con más variantes lingüísticas. La razón: están desapareciendo y las personas mayores ya no están dispuestas a compartir la lengua y los conocimientos.

 

El equipo visita las comunidades y les enseña a utilizar la aplicación.

 

Crédito: Gentileza

 

La intención es expandir Yalam y sumar las diferentes lenguas que se hablan en el estado de México. Por el momento el equipo trabaja para que la aplicación se pueda utilizar en los dispositivos iOS. “Hay un mercado extenso en Europa. Ahí son muy usuarios de iPhone,  entonces es nuestra intención es migrar para allá. Ya tenemos descargas de Grecia, España e incluso Argentina”, agrega Gemma sin olvidar que también trabajan para que el dispositivo esté en el sistema de gobierno para que sea enseñado. Es fácil de usar, no tiene algo complejo y tampoco necesitas datos de internet”, sentencia.

 

Los jóvenes zoques que luchan al ritmo del ska

Los jóvenes zoques que luchan al ritmo del ska

EL VIAJE

Los jóvenes zoques que luchan al ritmo del ska

Ignacio Espinoza

Los tildaron de satánicos y delincuentes. Los menospreciaron por ser indígenas y les cerraron las puertas por no cantar en español. Ellos no hicieron caso. Crearon sus canciones en la lengua zoque bañadas en ska: música de resistencia y fiesta que los convirtió en referentes de Ocotepec. Es La Sexta Vocal, siete muchachos que ríen, denuncian los problemas que sufre un pueblo y con un mensaje, que cantar en la lengua materna es posible. 

Ocotepec, en el estado de Chiapas, no goza del cartel de metrópoli, tampoco con el aval del turismo. Las montañas de los alrededores son la mejor carta de presentación en un lugar donde el invierno no descansa. Pero hay un grupo de siete jóvenes que quieren convertir el pueblo en una referencia musical, La Sexta Vocal, banda que toca al ritmo del ska y en la lengua zoque.

Inicios. «La Sexta Vocal nace en el pueblo de Ocotepec, Chiapas, para la diversión. Siempre hacer una banda es para pasarla bien, cotorrear. Conocemos el ska a partir de recopilaciones y siempre en estos discos venía alguna canción de ska de Los Auténticos Decadentes. Nos latió el ritmo, pero no sabíamos nada, no teníamos experiencia en tocar instrumentos y realmente no sabíamos la trascendencia que esto iba a tener, nunca fue la idea de trascender en un principio. Luego se vinieron dando cosas y fue cuando  extendimos nuestros sueños».

Canciones. «Nunca tuvimos la idea de hacer canciones propias. Tocábamos La Tremenda Korte o grupos de México, eran mal tocados pero lo tocábamos.  En una ocasión nos invitaron a una radio y nos dieron la propuesta de que tocáramos esos covers, pero en zoque. Primero las tradujimos, pero luego vimos que algunas no se adaptaban tan bien al zoque, entonces tuvimos la necesidad de hacer temas propios para que sonarán mejor. Entonces estuvimos así hasta que se fue perdiendo la idea de hacer covers para enfocarnos en hacer canciones propias».

Zoque. «Es muy natural entre nosotros. Nacemos con este idioma, nuestros papás, amigos, abuelos y primos siempre estamos hablando en zoque. Es nuestra lengua materna, entonces no es como que quieran enseñarnos a hablarlo, es natural, no se impone, es lo que tú eres como zoque. Entonces ha sido muy natural vivir este idioma, más bien fue el español la imposición que se nos ha dado. Igual es complicado porque el zoque desafortunadamente se ha venido perdiendo. Con el pasar del tiempo se ha dejado de hablar, muchas personas ya no quieren hablarlo, los abuelos se están muriendo y están llevando todo su conocimiento de la lengua a la tumba. Entonces creo que, en un lapso de tiempo, nosotros ya no hablamos un 100% del zoque, es decir ya mezclamos las otras palabras con el español».

Miembros de la banda de ska zoque Sexta Vocal

Fotografía: Gentileza

«Nos han metido esa idea de que los pueblos originarios no pueden ser más de lo que son»

Problemas. «En un principio todo esto fue muy satanizado. Pensaban que nosotros hacíamos cosas del diablo. Eso era por parte de la gente tradicional, para ellos la música tradicional es tambor y flauta y con instrumentos prehispánicos. En México se le puso esta etiqueta al rock desde un principio: música del diablo o música de banda de delincuentes. Pero de a poco fuimos demostrando, en cada lugar que tocábamos, que no hacíamos nada malo y que no éramos vándalos. Más bien queríamos hacer música, que era lo que nos gustaba».

Discriminación. «Siempre va a haber críticas, unas buenas otras malas pero tienes que aceptarlas. Hemos tenido estas críticas de por qué no en español, o pinches indios no pueden hacer rock ustedes porque no es su lengua y también comentarios de que está súper cabrón. Entonces son dos partes: la gente que está optimista y la que no quiere salirse de lo que está establecido. Nostros siempre aceptamos estas críticas, tratamos de mejorar nosotros, en cuanto nos hablan, nos escuchan. También hemos sido discriminados de que no nos quieren invitar en eventos. Siempre fue así desde un principio que no nos querían. Pero poco a poco, con el esfuerzo, fuimos ensayando y mejorando musicalmente hasta el momento en que nos invitaban ellos mismos a los eventos.

Ska. «Es resistencia.  La idea es darlo a conocer. Son un montón de cosas con que se conforma Ocotepec, nosotros en las canciones tratamos de reflejar eso. Mantener ese esfuerzo de lucha, de resistencia y consciencia porque están pasando muchos problemas en nuestro pueblo y sobre todo en esa zona zoque donde ahorita se pretende hacer proyectos mineros y despojar de las tierras del pueblo y de otros municipios. Entonces nosotros en nuestras canciones tratamos de llevar estos mensajes, lo que sabemos lo llevamos a cualquier parte donde vayamos a estar.  Pero siempre llevando la voz de nuetro pueblo, eso es lo más importante que lleva La Sexta Vocal, el mensaje de nuestra gente porque eso es lo que somos, somos zoques y representamos a nuestro pueblo».

El grupo también quiere entregar un mensaje de orgullo indígena.

Fotografía: Gentileza

La Sexta Vocal. «En el idioma zoque  existe una vocal más, aparte de las cinco conocidas en español. Es lo que como zoques nos representa. Que tenemos una vocal más, tienen una particularidad más los zoques, y cuando nos preguntan por eso decimos lo de la vocal. Todo el tiempo la usamos cuando nos comunicamos».

Ser indígena. «Nos han metido esa idea de que los pueblos originarios no pueden ser más de lo que son, de vender en chicles, estar en la calle o estar en su pueblo. Te meten esa idea de que no puedes porque te discriminan. Pero hacerlo desde la parte artística ha sido distinta, ha sido ir a un escenario y gritar lo que sientes en tu lengua y que la gente esté bailando con tu voz y con tus instrumentos. Eso me hace sentir que sí se puede. Todos somos iguales, todos podemos hacer música, hacer pintura y cualquier expresión artística. Todos los pueblos originarios pueden y van a poder siempre.

Futuro. «Nos gustaría que la escena de Ocotepec siga creciendo. Ahora hay seis grupos de punk, metal y hip hop que cantan en zoque. Me gustaría ver que en diez años exista una escena como tal con bandas que vayan al pueblo. Es esencial en la vida de que puedas conocer personas y compartir tu cultura y pensamientos, no todos tienen esa oportunidad y la que tenemos la vamos a aprovechar hasta el máximo».

La paloma mensajera de la lengua rarámuri

La paloma mensajera de la lengua rarámuri

El VIAJE
La paloma mensajera de la lengua rarámuri

Ignacio Espinoza

 

 

Canciones, poemas, libros y traducciones. Viajes, talleres de poesía y charlas. Un itinerario de vida dedicado a difundir la lengua en la Sierra Tarahumara y que lo convirtieron en una eminencia cultural en el estado de Chihuahua. Martín Makawi es el hombre detrás del rótulo, su objetivo: llevar las palabras de una cultura a los niños de la Sierra Tarahumara.

Todos los caminos llevan a Martín Makawi. En Chihuahua, capital del estado que lleva el mismo nombre, el apellido Makawi es un eco constante cuando se busca hablar con alguien relacionado a la lengua rarámuri. Un hombre de abdomen generoso, piel morena y el pelo tomado lleva un amuleto de plumas con una piedra azul en el cuello. Está sentado en una oficina a un par de cuadras que conectan con el centro de la ciudad. Él es la persona. Viste una camisa blanca junto a unos blue jeans y sobre su escritorio hay un jugo de naranja, un paquete de galletas saladas y una lata de atún. Al otro lado del mueble hay un laptop y al centro un cúmulo de hojas donde está impreso “El Principito” de Antoine de Saint- Exupéry , libro con el que trabaja para traducirlo al rarámuri.

“Ahorita no hay materiales para las escuelas. Estoy traduciendo algunos libros que pudieran ser factibles para los niños, entonces ahí andamos”, dice Martín Makawi con una voz pausada y serena que le permiten expresar sus ideas. “Creo que la lengua es la mejor herramienta para preservar una cultura”, agrega. Las traducciones no son todo, también visita escuelas en los diferentes municipios de la Sierra Tarahumara para realizar talleres de poesía en rarámuri , lengua que también difunde a través del canto, el vehículo que despertó su interés por expresarse y difundir el idioma.
Además de ser poeta y músico, Martín Makawi trabaja en la Secretaria de Cultura en Chihuahua.
Fotografía de Joseba Urrutikoetxea

Para hablar sobre su trabajo rebobina la memoria hasta el inicio, en Bacigua, Municipio de Guachochi. “Nací bajo un pino. Siento que ese pino escuchó mi sentir y llanto. Nací para algo, para llevar palabras en rarámuri a los niños”, cuenta. Desde los seis años empezó a cantar mientras escuchaba la radio. No sabía leer y escribir. Escuchaba los cantos de su madre y su tía en las tesquinadas, ­fiestas donde se bebe tesquino (licor de maíz) y que celebra el fin de la época de cosechas. Pero su padre no lo dejaba cantar porque en la cultura esa práctica solo la hacen las mujeres. “‘Por qué cantas’ me decía, pero si cantaba en español no me decía nada”, recuerda.

«La lengua es la mejor herramienta para preservar una cultura”, afirma Martín Makawi
En su poesía y música, el poeta habla sobre la naturaleza
Crédito: Gentileza
Aquello no fue un obstáculo y continuó con el canto, en español.  Pero antes de Makawi fue Chávez, el verdadero apellido del poeta y cantante hasta 1994, cuando la actual identificación llegó por un sueño. Un indio de la tribu sioux, en Dakota del Norte (Estados Unidos) le lanzó una flecha en el cuello. “En el momento en que estoy tirado él llega hacia mí y me dice: ‘Martín por qué me tienes miedo’, yo solo vine a darte un nombre y te quiero invitar a la lucha a que defiendas tu cultura, tu tierra, tus animales, tu bosque, tu lengua, el idioma rarámuri. Solo que te voy a cambiar el nombre, de hoy en adelante te vas a llamar Makawi”.
«No porque saliste de la comunidad vas a hablar y te vas a sentir diferente a lo que fuiste o lo que eres”.

El bautizo no le gustó. Makawi en rarámuri significa paloma, un animal indefenso para él. Con el tiempo comenzó a componer en su lengua nativa y después de cantar una canción que hablaba sobre cuidar los pinos, el agua, el maíz y los alimentos silvestres encontró el sentido del mensaje que recibió en el mundo subconsciente: “Makawi significa que voy a ser el vocero. Que voy a llevar las palabras de los ancianos hacia los niños. Pero no solamente para mi pueblo sino que al pueblo del mundo. Voy a volar y viajar cantando estas canciones para que los otros escuchen cual es el pensamiento rarámuri. Makawi, no es una paloma cualquiera y un ave indefensa. Paloma defiende desde su espíritu y sentimiento de cómo unificar el pueblo para que no pierda esa identidad cultural”. Respetar la tierra, el agua el maíz y los animales son parte de la cosmogonía del pueblo que el cantante vincula en la música y poesía junto a otro mensaje, vivir en armonía. “Para el mundo eso es tener suficientemente dinero, una buena casa y comodidad. Para nosotros no es eso. El vivir bien es estar bien contigo mismo y los seres que te rodean”, sostiene.

Identidad, cultura y escritura es lo que le enseña a los niños en las escuelas. Pero también a que no se avergüencen de hablar su lengua materna en todo México. “Así como viajan otros idiomas, el rarámuri también hay que llevarlo. No porque saliste de la comunidad vas a hablar y te vas a sentir diferente a lo que fuiste o lo que eres” afirma Martín Makawi quien escucha las conversaciones de los ancianos como fuente de inspiración para componer las canciones. Sobre los niños dice que estos llevan una serpiente en la cabeza y que eso no les permite escuchar las palabras de los padres, ancianos y profesores sobre cómo preservar la cultura. Cuando habla junta las manos mientras los pulgares chocan constantemente. La secuencia se interrumpe cuando mira el celular, lo toma y lo enseña. “Hasta en lo más lejos de la comunicación ya existe celular, esto es parte de lo que nos hace borrar nuestra identidad. Al mismo tiempo es beneficioso, pero es parte de quien nos quita esa identidad cultural de pueblo”, dice.

Makawi recorre las escuelas de la Sierra Tarahumara para enseñar la lengua rarámuri
Crédito: gentileza

Además de las escuelas Martín Makawi colabora en la Secretaria de Cultura en Chihuahua. Pero otro de los trabajos que realiza se relaciona con los rarámuri que migran desde la Sierra Tarahumara hacia las ciudades en busca de mejores oportunidades laborales. “Hoy en la Sierra se ha apoderado la gente armada, la gente se va porque tienen miedo de que sus hijos vayan a entrar a este tipo de trabajos y nos hace perder la identidad cultural”, confiesa y agrega: “La cultura armada nos ha ganado, entonces requerimos una lucha fuerte, un trabajo fuerte con los niños. La gente joven se inclina hacia el narcotráfico y matar a su propia gente”.

 

En la enseñanza el panorama tampoco es auspicioso. El poeta señala a los maestros como responsables del devenir de la lengua. Critica que los profesores solo se enfoquen en el programa del gobierno de turno –donde no se considera una educación monolingüe del idioma nativo– y, pese a que también son hablantes, prefieren educar en una lengua ajena. “Los niños contestan en rarámuri aunque se les habla en español”, dice. Su trabajo no depende totalmente de la Secretaría de Cultura. Las semanas las divide según los proyectos que surgen y también se organiza para estar en talleres y presentaciones musicales. Le gustan los viajes porque los considera un aprendizaje que nunca termina. “Quiero llegar a que la gente se despierte con el corazón sin olvidar lo que son de raíz”, afirma mientras hace una pausa y toma su collar. “Es un adorno, la piedra es algo que me ayuda a caminar”, sentencia.