EL VIAJE

Tawira: el reino sin trono

Alejandra Gayol

 

 

Un pueblo sin país, pero con patria. Una lengua sin literatura, pero impenetrable.  Una comunidad dividida en fronteras políticas, pero unida en una misma cultura. Un imperio que el paso del tiempo pretende borrar, pero que se inmortaliza entre los nombres de aquellas tierras que han sido parte de su historia. La Moskitia, un reino sin rey que aún vive entre aquellas mujeres y hombres de apellido inglés y corazón Caribe.

El etnocentrismo europeo ha contado la historia de los pueblos indígenas de América a su antojo. Al igual que muchas otras, la comunidad tawira —miskita— ha tenido vida mucho antes de lo que narran aquellos libros escritos por los colonizadores, pues bien se conoce en Nicaragua la alianza de los “salvajes del Caribe” con los ingleses, pero el reino miskitu carga un peso histórico lleno de opresión y lucha a la que siempre se ha enfrentado solo. La información que llegaba de la mano de los extranjeros prevalecía frente a la información que provenía de los ancianos miskitu por una sencilla razón: la materialización de lo ocurrido, la historia escrita. Pero para aquellos herederos del imperio que no se consuelan con la superficialidad de los hechos, la historia oral se abre como un libro que alecciona sobre la importancia de conocer a un pueblo desde su propia perspectiva.
Niños en el río en la comunidad Tuapí, dónde la lengua mantiene aún gran vitalidad
Fotografía de Alejandro González
Avelino Cox es uno de aquellos inconformistas. Historiador, antropólogo y escritor miskitu que lleva más de 40 años estudiando la historia y cultura de su pueblo. Su trabajo es algo como un castigo divino, una tarea que le apasiona y que al mismo tiempo le absorbe la vida. Ha vivido recopilando leyendas, mitos y cuentos a lo largo de toda la costa caribeña de Nicaragua y Honduras. Su intención es que toda la documentación que ha podido recoger hasta el momento se quede perenne, inmortalizando así la cultura y cosmovisión miskita, y que esto haga que la sabiduría que porta la tradición oral, al igual que pasa con la lengua, no desaparezca con las personas. “Muchas veces leemos lo que escriben sobre nosotros y muchas veces, por no decir la mayoría, tienen datos que no son ciertos y que se basan en un carácter eurocentrista. Un ejemplo es el “descubrimiento” de los indígenas por Cristobal Colón. Nunca lo he entendido. Nosotros fuimos quienes lo descubrimos cuando allí estaba perdido en el río sin saber ni donde estaba. Nosotros le ayudamos a llegar a tierra”, nos explica.
Avelino Cox es portador de la cosmovisión y cultura miskita desde niño
Fotografía de Alejandro González

Uno de los principales bastones en los que Avelino Cox se ha apoyado para caminar tras las huellas de la historia tawira ha sido la toponimia y la etimología. A lo largo de Centroamérica se pueden encontrar muchos pueblos fuera de Nicaragua y Honduras que poseen un nombre de origen miskitu. Esto es un indicador de su asentamiento en estos lugares, aunque no solo de su presencia, sino también de su imposición lingüística. Gracias a la investigación etimológica se ha podido conocer la magnitud del imperio, que llegaba desde Campeche hasta Panamá. Un ejemplo es el de la provincia de Talamanca en Costa Rica. Este nombre quiere decir “precio de sangre” y proviene de la historia de los miskitu contra Carbonell, gobernador español en Panamá. En 1722 liderados por Tara —que en español quiere decir “grande”—, el pueblo tawira asolaba con sus barcos piratas desde México a Colombia, saqueando y secuestrando hombres para hacerlos esclavos. Carbonell llegó a Nicaragua para reclamar justicia contra los miskitu por haber secuestrado a más de 2000 jóvenes Kuna y de otras etnias de Panamá. El gobierno nicaragüense le contestó diciendo que Nicaragua no tenía nada que ver con esos salvajes del Caribe, así que viajó al reino del Atlántico y consiguió una indemnización en oro. El pago se realizó en un punto entre Costa Rica y Panamá, llamado Talamanca después de lo ocurrido, dejando la historia escrita en su nombre para siempre.

Uno de los principales bastones en los que Avelino Cox se ha apoyado para caminar tras las huellas de la historia tawira ha sido la toponimia y la etimología. A lo largo de Centroamérica se pueden encontrar muchos pueblos fuera de Nicaragua y Honduras que poseen un nombre de origen miskitu. Esto es un indicador de su asentamiento en estos lugares, aunque no solo de su presencia, sino también de su imposición lingüística
No solo la toponimia es portadora de la historia. Dentro de cada lengua existen palabras cargadas de significado. Palabras que hablan por si solas. Tataibra en lengua miskitu quiere decir opresión, refiriéndose en especial a la opresión de un gobierno o de un ente empoderado que utiliza su condición para minorizar a otro. Una palabra que ha retumbado demasiadas veces en las cuerdas vocales del pueblo miskitu. Abandonaron su tierra, en Colombia, huyendo de la amenazada de incas y arahuacos. Se vieron obligados a recorrer las tierras de Centroamérica en busca de un nuevo espacio donde enterrar su ancla. Pero los pueblos mesoamericanos que habían sido expulsados de México les declararon la guerra. Batallas perdidas y otra huida forzosa. Se desplazaron hacia el lago Managua y después al centro de Nicaragua, donde permanecieron un siglo. Luego se dirigieron al norte, donde fundaron Matagualpa —en lengua miskitu quiere decir diez rocas— y más tarde Esteli —aguas rápidas— al norte del rio Yari —Rio largo— donde descubrieron a Colón. Una etapa llena de enfrentamientos hasta llegar a la tierra que hoy consideran su patria. Durante esa época la estructura del gobierno miskitu era muy sólida, lo que hizo que los ingleses, con los que tuvieron el primer contacto en 1622, lo llamaran Reino Miskitu, por su similitud a los sistemas monárquicos de Europa. La historia, tanto escrita como oral, habla de una alianza entre ingleses y miskitu. Los primeros querían establecer relaciones comerciales en el Caribe y obstaculizar el paso del imperio español, mientras los segundos obtenían armas de fuego, un método más agresivo que las flechas para combatir al enemigo. La documentación escrita que dejaron los extranjeros habla de una protección inglesa hacia el reino miskitu, pero la historia oral se enorgullece de ser un pueblo que supo manipular a aquellos que venían del otro lado del Atlántico, sin dejarse utilizar hasta el fin de su reino en 1894. Aún resistiendo, la palabra tataibra fue ganando más fuerza en los relatos de los ancianos. La opresión por aquellos pueblos que no le dejaron ser libre en su tierra. Por aquellos falsos aliados ingleses que cuando perdieron el interés, dejaron el reinado miskitu solo ante un Imperio español que se propagaba en América como el fuego en un campo de pinos.

La religión también se ocupó de poner énfasis en la palabra tataibra. La iglesia morava colonizó por completo las mentes de los miskitu, hasta hacer desaparecer cualquier signo de creencia ancestral. Y no solo hablamos de los dioses o fuerzas de la naturaleza. La sexualidad de la mujer miskita también se vio profanada por la iglesia. Una mujer que vivía el sexo con gran naturalidad, dándole suma importancia en su vida, llegando incluso a abandonar a su pareja si en un periodo establecido no lograba satisfacerla. Llego la religión y reprimió su sexualidad. Hoy tataibra también abunda en los discursos del pueblo miskitu, víctima de su historia y del presente.  Marginado de una Nicaragua que solo tiene costa en el Pacífico. Una historia de opresión requiere de un pasado de lucha y de un presente de resistencia.

Puede que este solo, pero en pie. La colonización ha dejado un sello en los nombres y apellidos de los miskitos, identificándoles con un falso origen del que nunca han querido ser parte. La vitalidad de su lengua refleja el sentimiento de pertenecer al pueblo miskito, manteniendo el idioma completamente vivo en sus comunidades. Una lengua que bautizó las pisadas de un antiguo imperio que pocos conocen, pero que sigue presente en el orgullo. La Miskitia no es Nicaragua. La Miskitia no es Honduras. La Miskitia sigue siendo un reino que, aunque no descanse en un trono, reposa en la identidad.
Tataibra, Kau yawan bapisa war kainara.
Integrantes de la Asociación de Buzos con Discapacidad Independiente de la costa Caribe Norte. El mar es uno de los principales motores de la economía familiar para los miskitos. Este grupo de hombres lucha sin apoyo exterior desde hace años por una atención digna
Fotografía de Alejandro González Amador

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