EL VIAJE
Naso: Soy originario
Alejandra Gayol

La Declaración Universal sobre Derechos de los Pueblos Indígenas dice que, nosotros como pueblo, también tenemos derecho a la libre determinación. La Corte Interamericana de Derechos Humanos insiste al Gobierno panameño que den sus tierras a los nasos, y hasta la fecha  han hecho oídos sordos. Por eso nosotros exigimos hoy, ante el mundo, que como un pueblo más en Panamá, tenemos todo el derecho de tener una comarca, pues nosotros somos nación dentro de Panamá

Alexis Reynaldo Santana. Rey naso y único rey de América.

Si no puedes con tu enemigo, únete a él. O en el mejor de los casos, lucha con sus mismas armas. Hoy los pueblos indígenas se ven obligados a adoptar parte de la cosmovisión del llamado “Occidente” para hacerse un hueco en el monopolio cultural en el que se está convirtiendo el mundo. Un buen ejemplo está en la preservación de las lenguas. La transmisión oral ha sido siempre el motor que ha mantenido en marcha el patrimonio inmaterial de los pueblos indígenas. Hoy, las lenguas sin escritura, en su mayoría, están en fuerte riesgo de extinción. La escritura se vuelve casi una necesidad, un nuevo problema al que atender. Y no es que la naturaleza de la oralidad sea insuficiente, pero la intangibilidad tiene poca reputación en un sistema materialista.
El reconocimiento de la comarca Naso es fundamental para la preservación del pueblo y su cultura
Fotografía de Alejandro González Amador
Al igual que pasa con la tangibilidad de las lenguas, la tierra que las comunidades indígenas han habitado durante años requieren de un ingrediente nuevo. La presencia de estos en el territorio durante siglos, la vitalidad de las tradiciones y la propia declaración de los indígenas como pueblo, no es suficiente. Antiguamente, antes de que el hombre blanco llegara a perturbar la vida de los pueblos originarios, no era necesario una declaración de propiedad de la tierra por parte de ninguna institución ajena a la comunidad para existir. Los límites estaban en las prácticas culturales, las fronteras —en el aspecto de diversidad y no de división—  las imponían las lenguas, la mitología, los bailes y la gastronomía. Pero ahora la tierra no es de quien la trabaja, no es de quien la respeta, ni de aquellos que se crían en ella. Ahora la tierra es de quien la compra.
En Panamá existen siete pueblos originarios. Cinco de ellos gozan de una comarca reconocida. Pero hay otros dos, El pueblo Bribri y el pueblo Naso, que  luchan desde hace años para que sus derechos cuenten con un territorio donde poder desarrollarse.  Aunque menores en número que aquellos pueblos ya reconocidos, el arraigo a sus raices es igual de fuerte .  “La creación de una comarca supondría el rescate, la conservación de una cultura ancestral que data de hace miles y miles de años.  No estamos reclamando algo para que nos lo regalen, sino que reclamamos algo por derecho, por herencia, por la conservación de nuestro idioma, del legado de nuestra madre Ter para conservar viva, intacta, nuestra cultura”, explica enérgicamente Reynaldo González, líder juvenil de la comunidad naso. “Los datos estadísticos revelan que, en menos de 25 o 30 años, desaparecería una cultura más, la cultura naso. Por eso consideramos una prioridad tener nuestra propia comarca, para poder desarrollarnos libremente como lo hicieron nuestros antepasados. Yo como joven quiero que mis hijos también hablen mi lengua, que se desarrollen en el mismo entorno cultural en el que yo crecí”, añade.
“La creación de una comarca supondría el rescate, la conservación de una cultura ancestral que data de hace miles y miles de años.  No estamos reclamando algo para que nos lo regalen, sino que reclamamos algo por derecho, por herencia, por la conservación de nuestro idioma, del legado de nuestra madre Ter, para conservar viva, intacta, nuestra cultura”
Y es que solo de la comparación surge la conciencia. Los pueblos que hoy tienen el reconocimiento asumen más control de su tierra, evitando así la apropiación de los recursos naturales por empresas que solo tienen intereses económicos, muy lejos de la conservación cultural y natural que proponen los líderes indígenas. “Estamos teniendo una fuerte reducción. Estamos siendo invadidos por otros hermanos indígenas que también son desplazados y están acaparando nuestra tierra. Además, estamos partidos a la mitad por dos áreas protegidas: el parque internacional La Amistad y el bosque protector Palo Seco. También estamos divididos por los corregidores —municipios—  que también nos dividen. Y como no, la hidroeléctrica que ahora está dentro de nuestro territorio que tiene 1198,6 hectáreas de concesión. Si restamos todo esto, nuestro pueblo se reduce cada vez más”, aclara el rey Alexis Santana. Si a un pueblo le quitas su tierra, el pueblo se dispersa, grave peligro, pues la dispersión es uno de los enemigos mas letales para las lenguas.
Alexis Reynaldo Santana es el rey naso en la actualidad, elegido democráticamente. El pueblo naso tiene el único sistema monárquico de toda América
Fotografía de Alejandro González Amador 
La no declaración de la comarca no es mera casualidad. El territorio naso es un ejemplo de la desgracia del continente, pues las venas abiertas de América Latina aún siguen derramando sangre. Una tierra demasiado interesante para no caer en los intereses de la oligarquía. “El interés que existe son nuestras cuencas hidrográficas, nuestros atractivos culturales. También tenemos una gran biodiversidad de animales que están en peligro de extinción y solo se encuentran en nuestro territorio ancestral. Nuestro río es muy fuerte, muy caudalosos, tanto que con cuatro hidroeléctricas que se pusieran aquí darían a basto a la necesidad de energía que se necesita actualmente en Centroamérica y EE.UU.”, explica Reynaldo.
Y llega la gran excusa del desarrollo. El Estado vende las presas con olor a fresa y en papel de caramelo. Hablan de desarrollo para el pueblo naso con promesas que nunca llegan y consecuencias que nadie esperaba. “El desarrollo para ellos es eso. Crear aquí presas con promesas de electrificar nuestra comunidad. Sí electricidad, pero para otros, no para los nasos. Ese supuesto desarrollo significa la extinción total de nuestra lengua y nuestra cultura, desapareceríamos. Ellos quieren explotar todos los recursos de los pueblos indígenas, y no solo del pueblo naso. Si yo no tengo la comarca, yo estoy vulnerable, no puedo exigir nada”, continua Reynaldo exigiendo la responsabilidad jurídica.
Reynaldo González es líder juvenil de la comunidad y sobrino del rey. Lleva el centro etnolingüístico naso que trabaja en el rescate de la cultura
Fotografía de Alejandro González Amador
Pero el pueblo naso sabe que el fortalecimiento de su cultura y del sentimiento de identidad es un buen arma para continuar la lucha.  Los abuelos siguen transmitiendo su conocimiento. Los jóvenes, en su Centro de Investigación Etnolingüística Naso, luchan por rescatar la lengua y todos los conocimientos que la acompañan. “Los nasohablantes no son muchos. Esto se ha convertido en una verdadera problemática que nosotros queremos mitigar mediante un proyecto de investigación. Queremos lograr que aquí, en nuestro territorio, nuestra lengua sea una materia más y así enseñar a todos aquellos que ya no la conocen, los niños principalmente. No quisiéramos llegar a la situación de no tener nasohablantes, esa es nuestra preocupación, lograr que los niños nasos aprendan esa lengua con la cual nosotros nos comunicamos a diario”, aclara Reynaldo, que además de líder juvenil, es líder del centro de investigación.
´´El reconocimiento de la comarca es un tema importantísimo en cuanto a la lengua. La obligación del Estado debería de ser velar por los pueblos indígenas, como pueblos especiales que somos, traer proyectos de interculturalidad bilingüe, algo que hasta la fecha no les ha importado. Por eso hoy, como rey del pueblo naso, he estado exigiendo al Estado panameño que eduque a nuestros niños, que se enseñe nuestro idioma. Mientras no tengamos nuestro territorio, las escuelas no serán consideradas como escuelas en territorio indígena, como pasa en otras comarcas. Eso hace que vengan maestros de fuera que prohíben a nuestros niños hablar nuestra propia lengua. Les dicen a nuestros hijos que hablar naso es de mala educación. Esto es una violación de nuestros derechos. Por esa razón es que hoy nuestra lengua se está perdiendo. Necesitamos el reconocimiento para que nuestra lengua se mantenga”, sentencia el rey Alexis Reynaldo Santana, sin perder la esperanza de que un día llegue el anhelado reconocimiento. Ese día en el que caminen libres sobre una tierra que les pertenece, con un paso tras las huellas de sus ancestros, y otro paso tras un desarrollo por y para el pueblo Naso.

Cuando llegaron los conquistadores nos llamaron Teribe, Terraba, Tejar, diferentes manera. Nosotros no somos nada de eso. Nosotros nos autodenominamos NASO, de “Na” —soy— y “so” —originario—. Soy originario. Por la lucha que encabezaron nuestros ancestros. Su sangre no quedara en vano. Esa lucha aún continua intacta, es un relevo generacional. Aquí daremos el todo por el todo por la creación de nuestra comarca, para que nuestros hijos puedan tener un mundo mejor

                                                                                        Reynaldo González

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