EL VIAJE
Juanita y Marbelli: el legado de la cultura bribri
Alejandra Gayol

 

 

La cultura pesa. Es densa como el osmio. Un peso que si no se comparte puede llegar a aplastar. No aplasta a las personas, sino a los pueblos. Encerrarla en un solo cuerpo la materializa, se impregna en una piel concreta, en un rostro con fecha de caducidad. Si la cultura se deposita en otra persona, si el peso se reparte en la balanza, seguirá siendo inmaterial, imposible de marchitar. La transmisión reside en la maestra y su aprendiz, un binomio necesario que hoy rescata la cultura bribri de Costa Rica.
Juanita no es una estrella mediática en Costa Rica, ni lo pretende ser. Pasea en Talamanca indiferente a las miradas. Sus vecinos saben que es una gran mujer, luchadora, pero su historia no tiene el reconocimiento que el pueblo costarricense debería de tener a una mujer que, en su menudo cuerpo, sostiene los conocimientos ancestrales que forman los cimientos de uno de los pueblos originarios de América. Juanita es la encarnación de aquellas costumbres que hoy son parte del patrimonio cultural inmaterial del país. Pero muchos no lo saben y a muy pocos les importa.
Además de preservar su cultura, Juanita lleva 30 años luchando por la supervivencia de la iguana en el proyecto Iguana verde, dentro de la Reserva indígena de Keköldi, donde cría en cautiverio la especie para luego liberarla en su medio natural
Fotografia de Alejandro González Amador
Ser indígena no esta de moda. Es curioso que un mundo que idolatra a los héroes y guerreros de las películas y videojuegos, en la vida real, se avergüence de pertenecer a aquellos que realmente lo han sido, que se han manteniendo erguidos frente al invasor, firmes, luchando por lo que les pertenece. Es extraño que rechacen su fisionomía, cuando esta se convierte en una carta de presentación que nos indica que su ascendencia no se rindió. Pero el autodesprecio es una epidemia sin cura hasta el momento. “Hoy en día el indígena se deslumbra más por tener cosas nuevas. Según ellos siendo indígena no se consigue eso. Entonces no hay orgullo de ser indígena. Ellos sientes que con el cambio son diferentes. Ellos hoy sienten orgullo por su carro, su televisor o su celular”, se lamenta Juanita. No obstante, la esperanza se mantiene mientras aún existan flores que crecen entre la intensidad del fango.
No importa la pureza racial, no importa la herencia morfológica o fisiológica, lo que prima es la herencia espiritual. Marbelli es una mezcla de ascendencia blanca, negra e indígena. Se crió en Limón, fuera del territorio indígena. Pero eso no es excusa para quien conoce su historia. “Desciendo del clan Duriwak, que significa los pájaros del agua sagrada, este clan fue catalogado ancestralmente y aún se mantiene hoy en día porque así lo declaro yo. Los hombres son médicos, tenemos la autorización de Sibö, “Dios”, para ejercer nuestra medicina natural con las plantas. Las mujeres somos guerreras, quienes defendemos nuestro pueblo, y así ocurrió en los tiempos de defender nuestros territorios”, explica Marbelli con un discurso apasionado. Y es que ella encarna todas aquellas virtudes heredadas de su clan.
“Para yo poder penetrar en las cuestiones más íntimas de mi cultura, era imprescindible y necesario entender y hablar bribri, y cada día se hace aún más necesario, porque cuando yo empecé e iba a las primeras ceremonias me daba vergüenza. Yo necesitaba saber el qué y para qué, el trasfondo de lo que se estaba haciendo allí.  La única manera de poder penetrar era aprendiendo el idioma”
Marbelli es el ejemplo de que nunca es tarde para conciliarte con tu origen. En la actualidad administra la única universidad dentro de un territorio indígena en Costa Rica, sede de la UNED, y lucha por fortalecer los programas académicos en pro de la acción social; esto lo compagina con sus lazos ancestrales. “Hace 6 años inicie con la práctica de mi cultura y a partir de ese momento el cambio en mi vida fue radical. Aunque ya traía una formación de liderazgo en la universidad, era la primera vez que asumía un reto tan personal, encontrarme a mí misma. Tome la decisión, y ya con el conocimiento del clan al que pertenecía, decidí autonombrarme bribri y que mi pueblo me reconociera como tal”, cuenta Marbelli emocionada. Pero para comenzar a introducirse en la cultura de sus ancestros le faltaba la llave maestra: el conocimiento del idioma.
“Para yo poder penetrar en las cuestiones más intimas de mi cultura, era imprescindible y necesario entender y hablar bribri, y cada día se hace aún más necesario, porque cuando yo empecé e iba a las primeras ceremonias me daba vergüenza. Yo necesitaba saber el qué y para qué, el trasfondo de lo que se estaba haciendo allí.  La única manera de poder penetrar era aprendiendo el idioma”, explica Marbelli. Declaraciones como las de Marbelli, basadas en la experiencia, nos muestran lo importante que es la lengua para poder penetrar en la cosmovisión de un pueblo. “Dije: ‘No, yo tengo que aprender, es mi pueblo, es mi gente, ¿cómo no me voy a saber comunicar con los míos?’ Así surgió la necesidad. Si no sabía mi lengua, yo no sabía que pretendían de mí como persona ni como institución”, añade.

Marbelli portando consigo la calabaza que le fue entregada por los embajadores de su cultura. Un símbolo de distinción que para ella significa el amor de su pueblo cerca de su corazón

Fotografía de Alejandro González Amador
Pero la lengua no navega sola. No brota en el aire vulnerable a ser cazada por cualquiera que tenga una red para cazar mariposas. La lengua necesita de la instrucción de una maestra y la voluntad de una aprendiz. Para lograr el conocimiento ancestral que se encierra en las palabras, Marbelli contó con la ayuda de una de las más importantes embajadoras de la cultura bribri: Juanita. Las clases entre una maestra y una alumna, cuando se trata de transmisión de una cultura, se salen de la habitual manera que tiene las escuelas de desnaturalizar el empleo de la lengua. Muchos centros de educación tienden a enseñar un idioma sin basar este en la relación de lengua y cultura. Al contrario, Juanita basa su transmisión en ese binomio inseparable. Utiliza el vocabulario bribri en contextos de la comunidad, empleando el idioma en el entorno que fue desarrollado. Los principales temas son la historia e importancia de los clanes como estructura de la comunidad, la resistencia a los invasores pasados y presentes, y la importancia de la naturaleza como parte de nosotros. Además de la forma teórica, una parte fundamental del aprendizaje es llevar la lengua y todo lo transmitido a la práctica. Hoy Marbelli ya ha cumplido diferentes rituales, considerada por los lideres una institución dentro del pueblo bribri, futura —y ya presente—  embajadora y maestra de la cultura, y un ejemplo para el resto de personas que aunque ahora estén lejos, quieren retornar a sus raíces.
Y así es el ciclo de una cultura. Maestros que comparten el peso de la historia, de la sabiduría, para que no se muera consigo, formando otros maestros que lleven el testigo hasta otro nuevo aprendiz. Y lo que es aún más importante, mentores que transmitan los valores, que rieguen las semillas del conocimiento indígena y hagan brotar el orgullo de su origen. “Todo tiene que ver porque el ser indígena es ser algo grande, sí, viéndolo bien, como que uno piensa en esas cosas y yo me quedo así a veces como, es como increíble, porque todas las personas que hayan hecho esas ceremonias son personas diferentes”, culmina Juanita con los ojos vidriosos de orgullo.

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