EL VIAJE

El fuego del nasa yuwe que vive en el ipx kweht

Ignacio Espinoza

 

Recuerdos de abuelas y abuelos, tradiciones y canciones. Valores que enseñaron las madres y padres a los hijos y conversaciones sobre cómo había que afrontar los problemas del día a día. Todo alrededor del fogón, con una flama que perdió vitalidad con el paso del tiempo junto a la lengua materna en un espacio de encuentro comunitario, la tulpa. 

Un balde de agua con hierbas. Una fogata custodiada por tres piedras con tres palos clavados atrás. Troncos que sirven como asientos rodean un espacio que tiene un techo de paja. En el centro cuelgan una mazorca de maíz junto a una pata de vaca disecada. Pilares de madera sostienen la construcción donde las paredes son reemplazadas por palos cruzados y los accesos están marcados por letreros donde se lee sek këenxi (se oculta el sol), sek wejxa (entrada de viento y lluvia) y sex kaanxi (salida del sol). El lugar es un centro creado en Yu’luuçx, resguardo de Canoas (Colombia), donde miembros del pueblo nasa se han reunido para hablar sobre la situación de la lengua nasa yuwe. La ocasión obedece a una reunión, pero para los nasa es el ipx kweht o tulpa.

Del balde con agua y hierbas se saca agua con un tarro que moja la cabeza de quien ingresa al centro ceremonial. Al entrar se toma una botella con agua ardiente y se acerca al suelo como gesto de agradecimiento a la tierra. Luego se voltea parte del licor en la mano derecha y se deja caer, una por una, sobre las tres piedras que representan al padre, la madre y los hijos. “Aquí nos reunimos a compartir, entonces cada vez que hay reuniones esto se armoniza con plantas frescas, para entrar en armonía dentro de esta tulpa”, explica Venancio Vargas que también detalla por qué se mojan las piedras con licor: “Como nosotros comemos, a ellos hay que brindarles también. Como bebemos ellos también tienen derecho a beber”.

Un centro ceremonial donde se reúne la gente para revivir el ipx kweh.
Fotografía de Ignacio Espinoza 
Venancio Vargas enumera sin titubear cada procedimiento de armonización. Uno de ellos es la forma de ingresar al centro. “Siempre andamos por la derecha, desde que entramos, porque los mayores nos explican que tenemos el espiral en las huellas de los dedos, en la planta del pie. Siempre tenemos el espiral. Si lo hacemos al contrario es que nos estamos desbaratando. Si lo hacemos bien estamos unidos y ese hilo va creciendo y no tiene fin”, sostiene.

Además de los procedimientos también tiene clara otra cosa, la importancia del ipx kweht, tulpa en español y fogón como primera traducción literal, pero que para la cultura nasa es un término que explicarlo, también requiere viajar a la memoria de cada persona. En el caso de Venancio se remonta a su niñez, cuando se sentaba alrededor del fuego mientras su madre preparaba los alimentos, un recuerdo que lo asimila con la unidad porque solo se hablaba en nasa yuwe. La situación hoy es distante, los fogones se apagaron y dieron paso a las cocinas a gas mientras que las mesas también desbarataron la forma en que la familia se reunía para esperar y comer la comida.

“Siempre andamos por la derecha, desde que entramos, porque los mayores nos explican que tenemos el espiral en las huellas de los dedos, en la planta del pie. Siempre tenemos el espiral. Si lo hacemos al contrario es que nos estamos desbaratando”
Unas veinte personas, hombres y mujeres, están sentadas alrededor del fuego. La lluvia cae tímidamente sobre el lugar mientras el humo juega a penetrar en los ojos de los asistentes. Un hombre enjuto, de entradas generosas, lampiño y pelo corto negro pide la palabra. Su nombre también es Venancio, se para y expone sus recuerdos sobre el ipx kweht, memorias direccionadas a personas mayores que antes se juntaban en un espacio para compartir, hablar sobre la identidad y planificar el día a día en la familia nasa. “Ahora nos colocaron la tecnología, la televisión, los celulares y nos quitaron el fogón. Las grandes multinacionales colocaron las hidroeléctricas, el gas, entonces si usted llega donde un nasa, ahora es pura cerámica, puro piso entonces ya no está el fuego, que alimenta espiritualmente a uno, por eso estamos como estamos”, dice Venancio.

Él también tiene cocina, pero confiesa que ahora se levanta a las cinco de la madrugada a prender una fogata, medida que tampoco le ha traído resultados y afirma que, si antes un 90% de las personas se comunicaba en nasa yuwe, la cifra se redujo a 4%. “Nos han quitado ese espacio de diálogo, de compartir y de planeamiento. Ahora planeamos de otra manera, hoy en día, uno lo dice por experiencia propia, no hablamos con la esposa ni con los hijos, porque el hijo está con el televisor, la hija está chateando. El marido por allá y la mujer por allá”, cuenta.

No todo es autocrítica, otro de los dardos lo lanza hacia 1985 cuando se instalaron los Centros de Atención Infantil —CAI— . “A los niños de seis meses los separan del papá y la mamá que hablan nasa yuwe, los mandan allá que tienen un centro de atención infantil y allá es una campesina que tiene sus usos y costumbres. No tiene la capacidad de hablar en la lengua materna y el niño no habló el nasa yuwe”, afirma. A futuro las expectativas tampoco son promisorias, con un tono de voz lento y firme, Venancio reconoce que, muerto los adultos, se acabará la lengua porque tampoco se piensa como nasa y tampoco en el ipx kweht.
 

Los recuerdos del profesor

Le dicen el profesor Marino. Cuando le toca hablar se para sin sacarse su sombrero de paja, el morral y el poncho. Los recuerdos los direcciona a su abuela y a cómo aprendió el nasa yuwe, en el fogón y a esperar mientras se preparaba el café y la comida. Ahí se hablaba sobre lo que cada cada persona vivió en el trabajo y la historia también formaba parte de las charlas. “Contaban cómo era la colonización, cuantos ricos habían y cómo éramos esclavos de ellos. Fluía la comunicación entre todos. Entre mayores, niños, todos nos sentábamos a escuchar ahí. Me acuerdo que me quedaba dormido ahí escuchando. Pero era un proceso hasta las diez u once de la noche”, recuerda.

Marino también aborda la naturaleza. Si el perro escoge un lugar para dormir, al igual que la vaca y el caballo, eso es porque ellos sienten el curso natural de las cosas, mientras que los nasa perdieron ese sentir espiritual con la tierra. “Esto es una familia, prácticamente estamos haciendo el ejercicio que hacían nuestros mayores. Hoy en todos los espacios educativos de asambleas hablan de los valores, pero si no volvemos a ese espacio es complicado volver a los valores”, sostiene y con otra autocrítica bajo el brazo, los ingresos: “Han sido millones que hemos invertido en lengua materna. Pero eso se está cayendo, yo decía que no será porque estamos haciendo lo contrario. Todo el nasa yuwe parte desde la casa, la familia”.

“Esto es una familia. Hoy en todos los espacios educativos de asambleas hablan de los valores, pero si no volvemos a nuestro espacio es complicado volver a los valores”
En casa de Venancio Vargas ya hay un ipx kweht. La idea e volver a generar, junto a su esposa, la instancia donde ellos crecieron y aprendieron la lengua. El objetivo, no perder la identidad y sentirse como nasa para también poder concientizar a otras familias. Marino confiesa que las vivencias se quedaban en la tulpa y que ahí aprendió la lengua. Por eso también sostiene que una forma de resistir, en la parte cultural, es no seguir la educación donde predomina el español. Por eso cuenta que no mandó a sus hijos al CAI, pero tampoco reniega de la educación superior. “Podemos estar en todas esas universidades convencionales, pero nuestro pensamiento parte desde aquí. Partamos de algo, resistencia y volver a recuperar la tulpa. Podemos tener una creencia diferente, pero de todas no nos olvidemos que somos nasa”.

1 Comentario

  1. Tanja

    thank you for your help)

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